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La utilidad de la IA, operativa pero no financiera

OpiniónEl Economista

La inteligencia artificial (IA) ya demuestra su utilidad en operaciones concretas de las empresas. El reto es que esos avances lleguen al estado de resultados, y hasta ahora pocas compañías lo logran.

La encuesta global de McKinsey sobre el estado de la IA en 2026, con 1,719 participantes en 97 países, lo confirma: 37% atribuye a la IA alguna contribución a su utilidad (EBIT, por sus siglas en inglés), prácticamente la misma proporción que hace un año. Y esto ocurre a pesar de que las organizaciones que escalan la IA en toda la empresa pasaron de 38% a 44 por ciento. La brecha no está en cuánto se usa la IA, sino en que la mayoría de las empresas la inserta en procesos existentes en lugar de rediseñarlos.

Incluso quienes no ven impacto en el EBIT total sí identifican valor por función: las reducciones de costos se reportan con más frecuencia en cadena de suministro, operaciones de servicio y manufactura; los aumentos de ingresos, en marketing y ventas, desarrollo de productos y servicios, e ingeniería de software.

Estos avances ahora deben ser parte de una transformación integrada. Si bien una decisión más precisa sobre inventarios o un aumento de ingresos en ventas generan valor en sus respectivas áreas, su contribución empresarial crece cuando la organización integra, mide y relaciona esos resultados con procesos de extremo a extremo y metas compartidas.

Mucha adopción, poco impacto financiero

Las personas ya perciben beneficios concretos. Ocho de cada diez encuestados aseguran que la IA mejoró su productividad individual y cerca de la mitad afirma que les ayudó a desarrollar habilidades y tomar mejores decisiones. Esa experiencia diaria alimenta expectativas altas y acelera el interés de los equipos directivos.

La inversión crece y la escala aumenta: 28% de los encuestados destina a la IA más de 10% de su presupuesto de tecnologías de la información y comunicación, 60% espera elevar esa inversión el próximo año y 56% ya usa IA en tres o más funciones (frente a 51% en 2025). Aun así, la proporción que reporta impacto en el EBIT no se movió.

Entre los participantes, apenas 6% integra el grupo de alto desempeño, sin cambios frente a 2025: organizaciones que atribuyen al menos 5% de su EBIT al uso de IA y describen su impacto como significativo. Esa minoría ofrece una pista valiosa. Su ventaja surge de una combinación coherente de ambición, rediseño operativo, liderazgo, medición y gestión de riesgos.

Cerca de tres cuartas partes de estas compañías han rediseñado sus flujos de trabajo a partir de la IA (en 2025 eran 55 por ciento). También muestran una probabilidad dos veces mayor de contar con líderes comprometidos y procesos definidos para medir los resultados de sus iniciativas, y una probabilidad 3.3 veces mayor de proponerse transformar a fondo su negocio con IA en los próximos tres años.

La factura de acumular herramientas

Una de cada cinco organizaciones limita el uso de IA debido a sus costos operativos, incluidos aquellos relacionados con tokens. Cada asistente, agente o modelo añade capacidad y también consumo. Ni siquiera las líderes escapan: las empresas de alto desempeño reportan restricciones de costo en agentes de programación con una frecuencia tres veces mayor que el resto.

Cerca de 80% de las organizaciones, sean de alto desempeño o no, busca eficiencia con la IA; la diferencia es que las de alto desempeño también persiguen crecimiento e innovación, transforman flujos completos, definen responsabilidades, miden impactos y gestionan riesgos. La herramienta forma parte del cambio, aunque el trabajo decisivo ocurre en procesos, estructuras y decisiones y es allí donde la productividad individual se convierte en rendimiento empresarial duradero. Una compañía puede ampliar licencias, lanzar agentes y construir aplicaciones mientras su forma de operar permanece intacta. En ese escenario, la inversión agrega costos y complejidad con mayor rapidez que resultados.

Mientras la tecnología sigue evolucionando, se mantiene la pregunta incómoda de cuánto valor produjo realmente cada peso invertido. Esa respuesta separará adopción vistosa de transformación capaz de sostener valor.

*Socio de McKinsey & Company México.

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