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UNAM, sorprenden más el despiste y el nerviosismo
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Algunas personas pasan por nuestra vida para enseñarnos a no ser como ellas. León Tolstoi
Entre las problemáticas expuestas en días de asueto, la UNAM al parecer se ha equivocado una vez más, y la revuelta es producto de esos errores, porque no se puede llevar a la Máxima Casa de Estudios de este país, a callejones sin salida, en las interrogantes de un cambio muy drástico en la aplicación del examen de selección para la admisión de miles de alumnos, en línea, sin pruebas previas.
La empresa contratada y la forma de asignarles esa responsabilidad también está en entredicho. Somos egresados de la facultad de derecho, y un lápiz de dos o dos y medio en la medida de la punta, era suficiente para ir al estadio azteca, y rellenar circular en las opciones múltiples, sin temor ni siquiera a pensar en un beneficio exterior, en el cuestionario en los años de gloria de la universidad.
Transitamos en huelgas, donde los jaloneos entre el sindicalismo radical y las autoridades en esos años, eran motivo de manifestaciones de todo tipo, pintas, gritos y cierre, sin clases ni opciones de hacerlo a distancia, se dejaba de aprender en las aulas, de ese conocimiento que se abrevaba de enormes docentes en sus inteligencias y aplicación ante los jóvenes para brindarles sus experiencias.
Hoy estamos ante lo inaudito, pareciera que para todo que se puede nombrar como problema, una comisión investigadora es la solución inmediata, y no hurgar en la asignación de las negaciones, el nerviosismo es evidente, miles de jóvenes no fueron parte de esos excesos en la aplicación de la prueba con trampas, solo unos cuantos hacen el alboroto para hacerse “famosos” en las redes sociales.
El daño a la institución educativa es evidente, una semana tendrá la comisión revisora del examen virtual, no hay sanciones para la empresa, a pesar de supuestamente imponer candados a la aplicación, la inteligencia artificial, más los abusos de los hackers, con beneficios de miles de pesos, vendieron la manera de torcer la prueba para pasar sin conocimientos.
La no anulación de los que obtuvieron un espacio de licenciatura, protestas con razón, porque ellas y ellos no hicieron trampa, ni compraron los consejos de “vivales”, que se aprovechan de este tipo de incursiones por primera vez, entre lo virtual y la realidad que los supera.
Cifras contundentes, habrían alcanzado lugar 2 mil 408 más jóvenes que en 2025; 86% de 158 mil 712 aspirantes no fueron aceptados, lo que nos sigue arrojando una preocupación mayor, no es hacerlo presencial o virtual, es encontrar los mecanismos en la infraestructura educativa en la UNAM y otras universidades públicas, para solventar la demanda educativa en educación superior.
La suplantación de identidad, la escasa vigilancia en el examen aplicado, son pecados sin penitencia para la empresa Territorium Life, encargada de lo virtual sin dar mayores detalles, para frenar el uso de dispositivos prohibidos.
No está solo en la mesa del análisis los denominados comportamientos no permitidos, sino además la seguridad académica de la prueba, lo cual sea cual sea el resultado final con respecto a este problema, se tendrá que plantear volver a la aplicación presencial, que funcionó hasta que una “mente brillante”, decidió realizarla virtual, beneficiando a una sola empresa, que debe investigarse también.
ENTRE LÍNEAS
Ahora la poca transparencia en quienes son responsables o no de la educación militarizada desde la educación básica, debe tener un debate en esa cámara de diputados que más pareciera continuar en la pandemia de hace siete años, vacaciones y despistes de sus legisladores, en busca de más espacios desde el poder para 2027.