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Turismo e imagen
Opinión
Jim y Laura viven en Austin, Texas. Clase media, dos hijos universitarios. Sus hijos tenían por estas fechas el llamado "spring break" por lo que optaron por viajar a Cabo San Lucas para pasarlo con sus amigos. El vuelo incluía una escala en Guadalajara. Ya en el aeropuerto, listos para abordar hacia su primer vuelo, recibieron la llamada de Jim y Laura: cancelen todo.
El día anterior, más de una docena de estados de la República mexicana se incendiaron. En los principales periódicos y noticieros de Estados Unidos y el mundo se publicaron las imágenes de los bloqueos carreteros, los incendios y humaredas más característicos de una zona de conflicto que de la sexta economía turística del mundo.
Con la captura del "Mencho" en Jalisco y sus disturbios, muchos viajeros, como los hijos universitarios de Jim y Laura, optaron por cancelar por completo sus planes presentes o futuros de visitar nuestro país. No importa si la violencia fuera ajena a Baja California u otros destinos turísticos. El daño ya estaba hecho y era mejor no arriesgarse.
Esta es la imagen de nuestro país en el exterior. Un país violento, sin instituciones y a merced del crimen organizado. Esto ha sido la herencia del gradual debilitamiento del monopolio de la fuerza del Estado a lo largo de más de 25 años, incluyendo la omisión criminal de políticas como el "abrazo, no balazos" de López Obrador y el contubernio u omisión evidente de gobernadores de todas las siglas.
Esa percepción no es invento de los medios. Está documentada. Un estudio de ViaNoVo y YouGov (2013), realizado con una muestra representativa de más de un millón de encuestados en Estados Unidos, reveló que el 70% de los estadounidenses creía que la relación bilateral debía centrarse en seguridad, control fronterizo y narcotráfico. Solo el 30% prefería priorizar temas económicos y comerciales. El dato era demoledor hace una década: para siete de cada diez norteamericanos, México era sinónimo de un problema de seguridad, no de un socio comercial. Los datos más recientes confirman esa percepción. Según Pew Research Center (2024), el 60% de los estadounidenses tiene hoy una opinión desfavorable de México.
Lo más revelador del estudio de ViaNoVo es la paradoja que expone. El 77% de los encuestados reconocía que México tiene un patrimonio cultural rico. Pero al mismo tiempo, una proporción significativa lo calificaba como un país peligroso e inestable. Y cuando se les pedía explicar en sus propias palabras por qué tenían esa percepción, las respuestas se concentraban abrumadoramente en drogas, violencia y cárteles. El narcotráfico secuestró la narrativa sobre México en la mente del consumidor estadounidense. Y lo que ocurrió el 22 de febrero no hizo sino confirmar el estereotipo.
México recibió 47.8 millones de turistas internacionales en 2025 y generó casi 35 mil millones de dólares en divisas turísticas. El turismo representa el 8.6% del PIB. Pero esos números, los mejores de nuestra historia, coexisten con una percepción internacional fracturada. La FIFA canceló 800 de sus 2,000 habitaciones reservadas en la Ciudad de México; aunque la Asociación de Hoteles asegura que se trató de un ajuste logístico, el dato se viralizó en un contexto donde, según fuentes de la industria hotelera no confirmadas oficialmente, más de 38,000 reservaciones hoteleras ligadas al Mundial en Estados Unidos fueron canceladas por costos, visas e incertidumbre. La percepción, cuando se vuelve negativa, no distingue entre logística y miedo.
Los hijos de Jim y Laura terminaron en South Padre Island.
México perdió su dinero, pero perdió algo peor: su confianza. El reto no es solo de seguridad. Es de narrativa. Y lo estamos perdiendo.