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Tres discursos, tres mundos distintos
Opinión
En las últimas semanas hemos asistido a tres discursos que pintan ópticas distintas acerca del futuro mundo y la población que en él habita. Estas narrativas son la de Bad Bunny en el intermedio del Supertazón LX, la de Mark Carney, primer ministro canadiense, en Davos, y el reciente discurso de Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, en la Conferencia de Seguridad de Munich, Alemania, celebrada el pasado 14 de febrero. Por cierto, quien diga que lo hecho por Bad Bunny no se puede comparar con los otros dos discursos y que sólo fue un espectáculo que puede gustarnos o no, simplemente, no ha estado atento a la coyuntura de Estados Unidos y el planeta.
Bad Bunny, Mark Carney y Marco Rubio fueron impecables en su visión del mundo, pero los contenidos son radicalmente diferentes. Una de estas narrativas es inclusiva y pacifista, otra es parcialmente inclusiva y la tercera es fundamentalmente excluyente y guerrerista.
El mensaje de Benito Antonio Martínez Ocasio no nació en el vacío. Las brutales persecuciones del ICE, que han sido comparadas con las Schutzstaffel (SS) y las continuas calumnias e insultos contra los migrantes, sobre todo latinoamericanos y caribeños, provenientes de Trump y su camarilla han hecho reaccionar de diferentes maneras a personas de distinto origen. Es interesante como el popular cantante haya optado por un mensaje inclusivo que, entre otras cosas, reafirma la intención de los migrantes de buscar una mejor vida en los Estados Unidos respetando sus leyes, pero llevando su riqueza lingüística, gastronómica y cultural. De alguna manera fue un: “no nos hagan un lado, nos necesitamos”. De todas las lecturas posibles esta fue la de mayor alcance.
El discurso de Carney en Davos, el pasado 20 de enero, dibujó sin ningún eufemismo el nuevo mundo sin reglas internacionales y bajo la ley del más fuerte. Hizo un llamado a un realineamiento de las naciones a las que se define como potencia media para establecer relaciones que les permitan lograr un grado de autonomía mayor frente a Estados Unidos, al que evitó mencionar explícitamente. Lo definió con una frase: “los [países] que no están en la mesa, están en el menú”. Si bien esto aplica para las naciones europeas, algunas asiáticas y americanas, el resto del mundo no está incluido. Por esto es parcialmente inclusivo. Pero una pieza de oratoria impecable y enérgica, un llamado a frenar al bravucón global desde el punto de vista comercial y económico.
Finalmente, hay que decir que el discurso de Marco Rubio fue soberbio e implacable. Más allá de los balbuceos inconexos y las ocurrencias de Trump, por primera vez alguien detalló el plan de Estados Unidos hacia el mundo. Rubio, convertido en mensajero guerrerista de su presidente, estructuró lo que ninguno de los asesores, secretarios o Vance ha sido capaz de hacer. Es el único realmente político. Suavemente, les dijo a los europeos que su país los necesita, pero subordinados a sus planes. A diferencia del mensaje del vicepresidente Vance el año pasado, esta vez se trató de tranquilizar a los europeos. Sin embargo, al mismo tiempo que les enseñó la macana, les susurró al oído dulces palabras.
Nada de seguir mandando la manufactura al Tercer Mundo, no más transacciones para aceptar migrantes, hay que cerrar filas contra la amenaza de Rusia, China y todos aquellos que no jueguen con sus reglas. El regreso a la Guerra Fría, pero sin gestos amables. Al mismo tiempo, ese discurso, escuchado en todo el mundo, lo proyectó como un fuerte competidor para sustituir a Trump en la Presidencia de Estados Unidos. De alguna manera, fue su arranque de campaña. En las cercanías del magnate señalado de delincuente y pedófilo no hay nadie con el talento de Rubio. Esto no le asegura ser el favorito, pero muchos republicanos hartos de las ocurrencias de la Casa Blanca podrían ver en él una opción menos tóxica, el regreso a formas más diplomáticas. Ya se verá.
Tres discursos, tres caminos para un mundo amenazado por el calentamiento global, por las guerras y el exterminio de poblaciones enteras. Es duro decir esto, pero hay pocos países que deciden realmente, otros pocos que tratan urgentemente de ponerse a salvo, como México, y muchos otros que parecen simplemente inviables, ante la indiferencia generalizada de la mayoría de los habitantes del Globo.
Estos tres discursos están envueltos en realidad, tirarán uno del otro. Esperemos que haya una reacción a favor de la inclusión, que nadie sea considerado sobrante en el planeta y que, por este hecho, sea condenado a la pobreza, el hambre y la migración. Tiremos al basurero de la historia las visiones autoritarias y demagógicas.