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La trampa del ahorro interno

OpiniónEl Economista

En un artículo reciente publicado por el Peterson Institute for International Economics (PIIE), Alejandro Werner señala una fortaleza importante de la economía mexicana: aun con déficits fiscales elevados, el crecimiento del ahorro administrado por inversionistas institucionales, particularmente el sistema de pensiones, permite financiar una parte creciente de la deuda pública interna. El argumento es correcto, pero plantea una pregunta: que un déficit pueda financiarse, ¿significa que es sostenible?

Para entender la diferencia conviene comenzar por dos variables: r, la tasa de interés real que paga el gobierno por su deuda, y g, la tasa de crecimiento real de la economía. Cuando r supera persistentemente a g, estabilizar la deuda se vuelve más difícil porque los intereses aumentan más rápido que la capacidad de la economía para generar ingresos. México enfrenta precisamente ese riesgo en un contexto de bajo crecimiento y costos financieros elevados. La tasa de referencia de Banco de México permanece en 6.5%.

Aquí aparece el ahorro interno. Según INEGI, durante el segundo trimestre de 2026 el ahorro bruto alcanzó 7.48 billones de pesos, equivalentes a 19.9% del PIB. El ahorro generado dentro de la economía fue incluso mayor, 21.6% del PIB, mientras que la contribución del resto del mundo fue negativa en 1.7%.

Esto último no significa que México se haya convertido estructuralmente en un exportador de capital como Alemania o Japón. Significa que, en ese trimestre, el ahorro generado internamente fue suficiente para financiar la inversión nacional y se registró financiamiento externo neto negativo. El dato confirma que existe una base importante de recursos internos, pero no demuestra que esos recursos sean ilimitados ni que estén llegando necesariamente a los usos de mayor productividad.

El caso más evidente son las pensiones. Al cierre de agosto, los activos netos administrados por las Siefores superaron los 9 billones de pesos y 51.7% de su cartera estaba invertido en valores gubernamentales. No se trata de dinero que el gobierno tome directamente de las Afores: las Siefores compran Cetes, Bonos, Udibonos y otros valores emitidos por el gobierno y, mediante esa compra, proporcionan financiamiento al sector público.

La magnitud importa pues Banco de México muestra que las Siefores se han convertido en uno de los principales tenedores de valores gubernamentales. Al mismo tiempo, la reforma de pensiones de 2020 incrementa gradualmente las aportaciones patronales hasta 2030, por lo que el ahorro administrado por el sistema continuará creciendo.

Esto reduce la dependencia del financiamiento externo y, por tanto, la vulnerabilidad frente a salidas abruptas de capital. Es una fortaleza que no debe minimizarse. Pero tampoco debe confundirse capacidad de financiamiento con sostenibilidad fiscal.

Los recursos de las Siefores pertenecen a los trabajadores y deben invertirse buscando la mejor combinación posible de rendimiento, riesgo y diversificación. Una demanda creciente por deuda pública puede facilitar el financiamiento del déficit sin generar una crisis externa. Pero si el gobierno absorbe una proporción cada vez mayor del ahorro disponible, aumenta también el riesgo de desplazar recursos que podrían financiar empresas, infraestructura, vivienda e inversión productiva. No ocurre peso por peso ni automáticamente, pero el costo de oportunidad existe.

Ahí está la paradoja, México puede tener suficiente ahorro interno para refinanciar su deuda durante mucho tiempo y, simultáneamente, mantener una trayectoria fiscal cada vez más delicada. El ahorro doméstico disminuye el riesgo de una crisis de financiamiento, pero no resuelve el problema fiscal: conseguir compradores para la deuda no genera, por sí mismo, los recursos necesarios para pagar intereses y amortizaciones.

Por eso el problema no es si México puede seguir colocando bonos. Probablemente puede. La pregunta relevante es a qué costo y durante cuánto tiempo si la economía crece menos que el costo real de su deuda. El ahorro interno puede comprar tiempo, lo que no puede comprar es crecimiento ni sustituir indefinidamente una corrección fiscal.

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