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El T-MEC, una fuente de incertidumbre sistemática
Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
El pasado 2 de octubre, la USTR publicó en su portal de internet el aviso que da inicio formal a la consulta pública rumbo a la revisión conjunta del T-MEC para el 2027. Es decir, la segunda revisión del acuerdo comercial, que se traslapa ya con la primera, que inició en julio de este año y que no ha concluido. Estrictamente hablando, se trata de un procedimiento previsto en la legislación de EU.
Hay que señalar que justo porque es un procedimiento automático, su repetición anual está garantizada hasta que exista una extensión del plazo, que hoy no se ve en el panorama. Como mencioné antes, la negociación derivada de la primera revisión, la de 2026, no ha concluido, y EU ya echó a andar el expediente de la segunda. Para el caso de la primera revisión, la tercera ronda bilateral se celebró en julio en la Ciudad de México; la cuarta, se reprogramó en teoría para algún momento de este mes y hasta ahora carece de fecha firme. Así que mientras una revisión sigue abierta, ya empezó la segunda. O sea, estamos frente a una renegociación permanente.
El aviso de la USTR que ayer también fue publicado en el Federal Register -una especie de Diario Oficial, con algunas diferencias frente al de nuestro país-, pone por escrito lo que ya sabemos, que en la reunión del 1 de julio de 2026 EU no aceptó extender el T-MEC por un nuevo periodo de 16 años. Mientras que los mandatarios de México, EU y Canadá no acuerden de manera conjunta una nueva extensión del plazo, estaremos inmersos en un ciclo de revisiones anuales que puede extenderse hasta 2036. De esta forma, la permanencia del acuerdo dejó de ser un horizonte estable para convertirse en una condición que se renueva, o se cuestiona, cada doce meses.
El escenario de incertidumbre le pega, desde luego, a las empresas tanto de EU como de México, pero indudablemente afecta más a las de nuestro país. Frente a la ausencia de un marco con reglas fijas por muchos años, las empresas optarán por un enfoque incremental que las obligará a invertir de manera subóptima, porque la falta de certeza impide comprometer inversiones cuantiosas en proyectos de largo plazo. Este comportamiento racional de las empresas terminará por reflejarse en una tasa de crecimiento del PIB sistemáticamente baja.
Es verdad que en los meses recientes hemos visto algunos indicadores que muestran una recuperación en México, sin embargo, hay que ser cautelosos. La inversión fija bruta creció 6.6% anual en julio, su cuarto mes consecutivo al alza tras diecisiete meses de caídas. El rebote es real, pero no podemos dejar de mencionar que el motor es la inversión pública, que avanzó cerca de 19.5% anual, mientras la privada apenas se movió un marginal 0.19 por ciento.
Estamos atrapados en un contexto en el que la inversión privada en México ha tenido un comportamiento muy por debajo de lo que requiere el país para poder aspirar a crecer mucho más y estar en condiciones de generar un entorno virtuoso para un mayor bienestar. A la incertidumbre generada por la reforma al Poder Judicial, ahora vemos que se consolida la que se deriva de no saber qué exigencias estará poniendo EU sobre la mesa cada doce meses.
Por lo anterior, hay que tomar con pinzas el optimismo del gobierno de la presidenta Sheinbaum, que en julio pasado celebró que se había despejado la incertidumbre de una posible salida de EU del T-MEC y se anticipó a hablar de un repunte de la inversión. Tres meses después, la cuarta ronda no tiene fecha, el expediente de 2027 ya empezó y la inversión que está creciendo fuerte es la derivada del gasto público, no de la confianza empresarial.
Es verdad que el acuerdo comercial no murió el 1 de julio, pero sí quedó conectado a un ciclo anual de revisiones que erosiona la previsibilidad. Lo peor del caso es que lo anterior perfila un escenario del que EU sabe que conforme avance el tiempo, México estará cada vez más desesperado a aceptar cumplir exigencias que en otro contexto no habría aceptado. Así que, desde la óptica de la Teoría de Juegos, de la teoría económica, la estrategia dominante para EU será la de continuar pateando el balón, porque así obtiene gratis fichas de negociación que le permitirán extraer mayores beneficios, o bien reducir los perjuicios que ellos creen que les provoca el T-MEC. Por todo lo anterior, en mi opinión, no estamos para vender panoramas promisorios.