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Opinión

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México creó al empleado ‘sándwich’

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

¿Quién puede negar que ha mejorado el salario mínimo? A fuerza de decretos, aumenta anualmente el ingreso de los empleados formales en este país que hoy, cuando menos, obtienen cerca de 10 mil pesos mensuales.

Eso impacta a las empresas, pero no al director general, al CEO. Los puestos directivos los ocupa gente expuesta a un mercado internacional y por eso es fácil encontrar salarios por encima de los 500 mil pesos mensuales.

¿Y los de en medio? No se hagan. Pueden ser incluso los hijos de ustedes, directoras, directores que forman parte de la nobleza del ‘C Suite Level’.

Conozco bien a una joven que estudia los últimos semestres de ingeniería industrial en una universidad privada. Me dijo que hace unos días un profesor hizo un sondeo a mano alzada:

¿Quién quiere quedarse en México cuando se gradúe? Me dice que nadie levantó la mano.

Yo pregunto: ¿quién quiere pertenecer al ambiente corporativo de un país que tiene una lista de justificaciones para no elevar salarios ni prestaciones a los de ‘en medio’?

México registra una brecha considerable en el salario anual promedio frente a países pares de la región, de acuerdo con cifras de la OIT y de la OCDE.

Durante 2025, el salario promedio bruto ajustado por poder de compra en México se situó apenas por arriba de los 19 mil dólares anuales, equivalentes a unos 30 mil pesos mensuales.

Es un umbral inferior al observado en Colombia, que supera los 20 mil dólares; en Costa Rica, de casi 30 mil dólares, y en Chile, que supera los 31 mil dólares.

Y aquí empiezan las vastas justificaciones y la escasez de soluciones.

México es impredecible, más que otros países: un día te dan el permiso para una cervecería en Baja California y meses después te dicen que no, que la pongas en Veracruz. Asumamos que conseguiste electricidad confiable, lo que representa un logro.

Finalmente, salen tus camiones a surtir cerveza que, con una bendición celestial ayudada por fuertes pagos por seguridad, llegará a su destino, si antes no la detiene un coche sin placas, claro. Toda esa incertidumbre encarece la producción y alguien tiene que pagar.

No serán los dueños accionistas. Tampoco el director de finanzas o el de operaciones, que bien podrían cambiar de empresa. Menos los trabajadores de menores ingresos, a quienes justificadamente les aumentan los salarios más de 10 por ciento anual…

Que pase la carne de cañón: profesionistas recién llegados, gerentes y supervisores, pasen por su dotación de crónica mediocridad salarial. No podrán pagarse un ‘depa’, pero tendrán para sus mensualidades del iPhone y para esos ‘chai latte’ para compartir con ‘roomies’ que les ayudan a pagar la renta.

Y nos sorprenden los datos: la natalidad cae y muchos optan por la maternidad y la paternidad interespecie. ¿Qué desayunó el ‘perrhijo’?

Un gobierno con gente que no entiende de negocios; negocios que no entienden de impacto social. ¿Qué podría salir mal? ¿Qué líderes están verdaderamente incentivados a mejorar la situación de estudiantes que sí se esfuerzan?

Hay excepciones, siempre y en todo. Hay gente en el gobierno que sí entiende el reto de pagar la nómina y de apoyar las inversiones; muy pocos, pero hay. También hay empresas que entienden la necesidad de crear crecimiento, de invertir en innovación y de brindar oportunidades compartidas.

Este país necesita ‘sectas’, pero creo que del tipo que define François Bouyra, fundador de la consultora KIS, un experto que pasó por la dirección de empresas como José Cuervo, Lala, Alen y Alpura.

Antes de cargar las carencias y la falta de infraestructura al grupo de en medio, conviene a todos revisar si no hay algo que pueda hacerse. Preguntarse: ¿por qué, quién y cómo? Revisar si la estrategia tiene propósito, responsables y una forma de ejecutarse.

En México falta infraestructura, pero es raro que falte talento. A veces el negocio carece de claridad, herramientas, autoridad y compensación por cumplir. Tener todo eso crea grupos fieles seguidores y productividad.

Por ahí podrían empezar en lugar de cargarse al ‘sándwich’.

Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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