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¿Es sostenible el mejor balance fiscal que presume SHCP?
Los subejercicios de la primera mitad del año tienden a compensarse en los segundos semestres
Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público difundió la semana pasada su informe sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública correspondiente al segundo trimestre de 2026, y no tardó en presumir que, al cierre de junio, el déficit presupuestario resultó 358 mil millones de pesos inferior al programado, mientras que el balance primario registró un superávit de 115 mil millones de pesos frente al déficit que se tenía calendarizado para el periodo. La lectura oficial habla de una "conducción responsable de la política hacendaria". Conviene, sin embargo, desagregar de dónde proviene esa mejora antes de otorgarle el beneficio de la duda.
Los ingresos presupuestarios del sector público no tuvieron un gran primer semestre. Entre enero y junio se captaron 4 billones 277 mil millones de pesos, 141 mil millones por debajo de los 4 billones 418 mil millones programados para el periodo. Si bien los ingresos por concepto del IVA tuvieron un desempeño notable, con un crecimiento real anual de 10.6 por ciento, no fueron suficientes para compensar la caída de 6.2 por ciento en la recaudación por ISR.
Esto significa que la fuente del "logro" fiscal no está del lado de la recaudación. Está, más bien, del lado del gasto. El programa de ejercicio presupuestal para 2026 contemplaba erogar 5 billones 354 mil 824 millones de pesos en gasto neto total durante el primer semestre del año. Sin embargo, lo efectivamente ejercido, de acuerdo con el propio informe de Hacienda, fue de 4 billones 856 mil 255 millones de pesos, casi medio billón de pesos menos que lo que el propio gobierno federal había programado gastar.
Entonces, cuando analizamos el desempeño de los ingresos y el ejercicio del gasto, el origen de la "mejora" en el balance queda claro: mientras los ingresos se quedaron 141 mil millones de pesos por debajo de lo programado, el gasto se quedó 498 mil millones por debajo de lo previsto. La diferencia entre ambos faltantes, 357 mil millones de pesos, es prácticamente el resultado que presume Hacienda como mejora del déficit (los 358 mil millones de pesos). No es el resultado de una gestión más eficiente de las finanzas públicas, sino de un subejercicio de recursos que, por definición, en algún momento tendrá que revertirse si el gobierno pretende cumplir con las metas de gasto aprobadas por el Congreso.
Basta ver el detalle: el gasto de operación distinto de servicios personales cayó 7.2 por ciento real anual; las participaciones a entidades federativas y municipios se redujeron 3.6 por ciento real; y la inversión física, pese al repunte observado en junio, acumuló una caída de 7.9 por ciento en el semestre. Son rubros que, o bien reflejan compromisos de gasto pospuestos, no cancelados, o bien anticipan una compresión real del gasto público que tarde o temprano tendrá costos en términos de provisión de bienes y servicios, obra pública o transferencias a estados y municipios.
La pregunta relevante, entonces, no es si Hacienda logró un mejor balance fiscal al cierre de junio, sino cuánto de ese subejercicio de casi medio billón de pesos tendrá que recuperarse en el segundo semestre del año. Si el gobierno federal opta por ejercer en los próximos seis meses el gasto que dejó de ejercer en el primero, el balance fiscal de cierre de año podría lucir muy distinto al que hoy se presume y la disciplina fiscal celebrada en julio podría diluirse en diciembre. La experiencia de administraciones anteriores sugiere que los subejercicios de la primera mitad del año tienden a compensarse o sobrecompensarse en el segundo semestre, particularmente en diciembre, cuando la ejecución presupuestaria suele acelerarse de manera considerable. Habrá que ver si 2026 confirma o rompe ese patrón.
Mientras tanto, celebrar hoy el balance fiscal de junio como una muestra de disciplina hacendaria parece, cuando menos, prematuro. El problema de fondo es que el subejercicio en el que incurrió el sector público en el primer semestre de este año para poder presumir un mejor balance fiscal, es de tal magnitud que no se había observado en muchos años. Digamos que más que celebrarle a SHCP debemos estar preocupados por el tamaño del problema que heredó López Obrador y que simplemente no ha podido enderezarse.
*El autor es economista.