Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

La sinfonía y el solista

OpiniónEl Economista

"Quien gane la superinteligencia, gana." Con esa frase, pronunciada el martes ante la Asamblea General de la ONU, Donald Trump resumió su visión de la inteligencia artificial: una carrera con un solo ganador. Añadió que Estados Unidos le lleva a China "mucha" ventaja y que así seguirá. Un día después recibió a Xi Jinping en la Base Andrews, en la primera visita de Estado del líder chino a Washington en 11 años.

El contraste no es casual. En julio, en Shanghái, Xi sostuvo que el desarrollo de la IA no debe ser "el solo de un país", sino "una sinfonía de cooperación global". Detrás de la metáfora hay una estrategia: 29 países ya firmaron la creación de la Organización Mundial de Cooperación en IA, con sede en Shanghái, y Pekín ofreció capacitación a la CELAC, África y el Sudeste Asiático. Washington apuesta a ganar la carrera. Pekín, a escribir las reglas.

Según el AI Index de Stanford, Estados Unidos tiene 5,427 centros de datos frente a 449 de China. Las grandes empresas tecnológicas gastarán este año alrededor de 650 mil millones de dólares en infraestructura de IA. China responde con un plan de 2 billones de yuanes, unos 295 mil millones de dólares en cinco años, para una red nacional de cómputo en la que al menos 80% de los chips serán de proveedores locales como Huawei. Pekín quiere desconectarse de fabricantes estadounidenses como Nvidia antes de que Washington termine de desconectarlo.

La ventaja estadounidense es real, pero no es una muralla. Los controles a la exportación de chips aceleraron la sustitución china, y los modelos chinos avanzan por otra vía. En julio, Scott Bessent dijo haber encontrado "marcas de agua" de modelos estadounidenses en modelos chinos, la llamada destilación, y amenazó con sanciones. Además, China tiene lo que a Estados Unidos le empieza a faltar: energía abundante y el control de la cadena de baterías y equipo eléctrico que alimenta a los centros de datos.

Lo verdaderamente novedoso es otra cosa. El 20 de septiembre, tras ocho horas de negociación en Nueva York, Bessent y el viceprimer ministro He Lifeng acordaron crear un Diálogo Estados Unidos-China sobre IA. Washington propuso un mecanismo para notificarse incidentes de IA que alcancen nivel de seguridad nacional. La justificación de Bessent fue reveladora: pasar de la opacidad a la transparencia entre "la potencia número uno y la número dos". Es el lenguaje de la Guerra Fría. El teléfono rojo, ahora para algoritmos.

Modelos cada vez más autónomos ya se usan para automatizar partes de ciberataques, y un incidente mal interpretado entre dos potencias nucleares puede escalar en minutos. Pero conviene no confundir el canal con la tregua. Ninguno de los dos quiere frenar, la verificación es casi imposible y la cumbre difícilmente resolverá los controles de exportación, Taiwán o las tierras raras.

¿Y México? En la agenda de Xi aparece la CELAC. En la de Trump, la revisión del T-MEC y la presión para que Norteamérica no sea la puerta trasera de la tecnología china. México quiere atraer centros de datos, pero no tiene energía suficiente, ni una estrategia de cómputo, ni una política clara sobre qué infraestructura digital aceptará y de quién. La neutralidad tecnológica entre los dos polos es un lujo que ya no existe.

La IA no será ni sinfonía ni solo. Será un duopolio que fijará estándares, precios y reglas para el resto. Los países que no decidan dónde quieren estar no serán neutrales, serán mercado. México todavía puede elegir. Pero en esta carrera, quien no compite ni negocia, simplemente obedece.

Temas relacionados

Últimas noticias

Noticias Recomendadas