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Los símbolos oxidados de una izquierda confusa
Opinión
A finales de los años 60 y durante los 70, la figura de Joan Manuel Serrat era un símbolo de resistencia al franquismo y de buena música. Muchos jóvenes de entonces, que protestábamos contra los gobiernos priistas, nos sentíamos identificados con sus canciones. Sin duda, era un símbolo de las izquierdas. Ahora, cuando los diarios lo citan ponen su currículo porque una buena parte de los lectores no sabe bien a bien quien es.
En su reciente visita a España, Claudia Sheinbaum se encontró con Serrat quien le dedicó algunas frases: “Hacer política es algo muy difícil, pero de eso se trata y hacerlo lo mejor posible” […] “Es una mujer a la que admiro. La respeto profundamente. Es una científica, por lo tanto, una mujer preparada, una mujer que ha tenido cargos públicos anteriormente” […] “Sabe muy claramente lo que tiene que hacer y esperemos que pueda llevarlo a cabo con la fuerza y la colaboración de todos los mexicanos”. Por supuesto, la presidenta dijo con sinceridad: "Me dio mucha alegría y emoción conocer en persona a Joan Manuel Serrat”.
Serrat actualmente es un icono, parte de una España que se fue y de una resistencia que ya no se entiende. Un icono que halaga a una mujer que terminó con la democracia en México.
En los años 60, la Revolución Cubana era sacrosanta para las izquierdas (casi todas) y para el PRI. Era el símbolo de la resistencia del débil contra el imperialismo. Escritores, intelectuales, periodistas y un sinfín de personas iban a la Isla a beber de las aguas de la “sabiduría” de Fidel. Cuando comenzaron la prisión y las persecuciones contra los disidentes (y vaya que empezaron pronto, en 1963), los homosexuales y los intelectuales críticos hubo silencio. Pocos se atrevían a descalificar a la Revolución porque estaba mejorando la educación, la salud y el orgullo de los cubanos. Un quid pro quo siniestro de vidas concretas por supuestos “logros”.
Se repitió el fenómeno que hubo con la Unión Soviética: apoyar ciegamente no por lo que en realidad era, sino por lo que queríamos que fuera. Algo peor: estalinistas de todo el mundo justificaban la vigilancia, las purgas, el hambre de los campesinos porque “la Revolución exigía sacrificios”. Hablando de estalinistas todavía quedan algunos de ellos en México y casi todos, o los más conspicuos, están en Morena, al lado de priistas y panistas. No es una combinación extraña. Al contrario, es algo muy natural.
Paso a la Nueva Trova Cubana, una colección de espléndidos cantautores, defensores de la Revolución. Destacadamente Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Este último emigró a España, cansado de la mentira. Silvio no, ha declarado que dejará la guitarra y tomará un fusil (que ya le dieron) y la mejor descripción de esta declaración la dio Gil Gamés: la era está pariendo un fanfarrón, parafraseando una canción de Rodríguez.
La Trova también era un símbolo de las izquierdas junto con las lecturas marxistas de todo tipo, las novelas del boom latinoamericano y la creencia de que las guerrillas eran un método para instaurar el socialismo. Todo un estereotipo. ¿Qué queda de aquellos tiempos? ¿Acaso la reunión de gobernantes de izquierda en Barcelona para defender la democracia y, de paso, defender a la dictadura cubana? Los sueños de la razón de izquierda engendraron monstruos.
En lo personal, me siguen gustando las canciones de Serrat y la Nueva Trova, leo libros marxistas y muchos otros y creo que buena parte de las reformas laborales, la defensa de los derechos humanos, la lucha tenaz de las mujeres por lograr igualdad sustantiva y muchas otras cosas más provienen en buena medida de las izquierdas de diferentes tiempos y lugares, de hombres y mujeres.
Es cierto que las izquierdas casi siempre tuvieron un virus autoritario que se manifestó en muchas ocasiones, pero hay que rescatar su intención de construir sociedades más justas, Estados más honestos y eficaces; un mundo donde el capital y la acumulación no condenen a la pobreza y la muerte a miles de millones y a la destrucción del planeta por guerras estúpidas y catástrofe ambiental.
Un fantasma recorre el mundo, sí, pero no es al que se refería Karl Marx, sino el trumpismo y la ultraderecha. Ahora que el mundo necesita más que nunca a las izquierdas, estas se encuentran representadas por tiranos y autoritarios, naciones fracasadas, políticos corruptos y oportunistas. Hay que remover el orín de los símbolos y construir una nueva izquierda, sin autoritarismos y democrática. ¿Será posible?
De las muchas cosas que señaló Marx rescato una: este capitalismo está engendrando el germen de su destrucción, evitemos que se lleve al planeta con él.