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Opinión

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Sergio Ramírez emplaza a Lula

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?

Sergio Ramírez escribe una carta al presidente Lula desde la memoria del país en el que nació, Nicaragua, pero del que le fue despojado por la dictadura matrimonial de Ortega y Murillo.

Ramírez viaja hacia julio de 1991 a Managua para encontrarse con Lula en la ocasión del primer congreso del Frente Sandinista. El hoy presidente de Brasil ofreció un discurso.

"Usted (escribe Ramírez), dijo en ese discurso que el error de la izquierda era insistir en la diferencia entre democracia proletaria y democracia burguesa, cuando sólo existía una clase de democracia, que era aquella en que el poder era determinado por los votos de los ciudadanos" (El País, 25 de agosto 2026).

El poder de la memoria que despliega Ramírez a lo largo de la carta, le recuerda a Lula que él sería "el primero en salir a la calle a defender el derecho a elegir; porque, en efecto, hay una sola clase de democracia, la que depende de los votos, una democracia que no es de derecha ni de izquierda, y es parte de ella quien la respeta".

Sergio Ramírez recuerda las palabras que le dedicó Daniel Ortega a Lula dos años después del fraude electoral en Venezuela. Brasil le exigió que presentara las actas para comprobar que Nicolás Maduro le había ganado a Edmundo González.

“La forma en que se ha comportado Lula ante la victoria del presidente legítimo de Venezuela es una forma vergonzosa, repitiendo las consignas de los yanquis (...) de los arrastrados de América Latina...”.

El 19 de agosto, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó la convocatoria de una reunión extraordinaria de ministros de Relaciones Exteriores para analizar medidas que puedan contener los apetitos de los sátrapas.

Brasil votó en contra y México se abstuvo, es decir, permanece en la zona aterciopelada de confort: equidistante frente a la crisis y sin compromisos por los derechos humanos como lo mandata el artículo 89 fracción X de la Constitución.

Sergio Ramírez le escribe a Lula: “Su embajador ante la OEA argumentó: “Todos estamos a favor de los derechos humanos. Pero no queremos que ningún medicamento mate al paciente”. Esta declaración presidente, se aparta radicalmente de sus posiciones infranqueables en favor de la democracia, que debe ser defendida tanto por gobiernos de izquierda como de derecha”.

La carta la concluye Ramírez con extrema elegancia: “No se arriesgue, por favor, a crear una terrible confusión que haga creer al pueblo de Nicaragua que la única manera de que Brasil se manifieste claramente contra Ortega (...) es con la victoria de Flávio Bolsonaro y todo lo que representa”.

El sentimiento que genera la carta embona con los perfiles de Alejandro Encinas y la presidenta Sheinbaum. En “su libre determinación de los pueblos” no habita Sergio Ramírez, pero sí la decadencia de Ortega.

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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