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Arte e Ideas

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Isaac Hernández convierte el escenario en un salón de clases

En una clase ante jóvenes bailarines en el Cenart, el mexicano Premio Benois de la Danse convirtió la técnica, la música y hasta el equilibrio en lecciones sobre cómo hacer del cuerpo un instrumento expresivo, a uno días de encabezar la gala Despertares 2026 en el Auditorio Nacional.

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Isaac Hernández en el Cenart.Eric Lugo

Ricardo Quiroga

El filósofo romano Séneca escribió hacia el final de su vida que largo es el camino a través de los preceptos, pero breve y eficaz a través de los ejemplos. Pocas veces un adagio encuentra una confirmación tan literal como esta mañana en el Teatro Raúl Flores Canelo del Centro Nacional de las Artes (Cenart), donde no hay función, pero sí un teatro lleno para ver a Isaac Hernández hacer algo menos habitual que bailar: enseñar.

El bailarín, acreedor del premio Benois de la Danse en 2018, máximo galardón para la danza, aparece con pantalón deportivo holgado y una playera que anuncia Swan Lake 25. Es una prenda de la temporada 2025 del clásico de Chaikovski presentada por el American Ballet Theatre en el Metropolitan Opera House, en Nueva York, donde Isaac interpretó al Príncipe Siegfried, el rol masculino principal de la obra.

Se estira. Primero una pierna, luego la otra. Extiende las articulaciones en un split lateral perfecto, con una flexibilidad que con toda facilidad trasciende los límites del cuerpo humano promedio. Frente a él hay 60 niñas, niños y jóvenes sobre el escenario, de distintas edades, tamaños y géneros, sujetos a las barras instaladas sobre el escenario del teatro.

Hernández da la espalda a las butacas. Su público está ahora sobre las tablas. A las nueve en punto se disculpa porque quizás es una clase muy tempranera para el alumnado. Pero después le confirman que muchos de sus pupilos empiezan, con toda disciplina, a las siete de la mañana.

“Empujen el metatarso y después los dedos”, indica. Todos bajan el torso al mismo tiempo. La clase irá haciéndose más compleja conforme pasa el tiempo, pero también menos tensa. El bailarín tapatío transmite seguridad desde su vocación didáctica.

El cuerpo como idioma

La clase comienza en primera posición. Los pies articulan, el talón pasa por el piso, llega el tendu, el demi-plié, el relevé. Para un ojo no entrenado, aquello ya parece un ballet. Para Hernández es apenas el abecedario.

“Traten de no llegar a la primera tan rápido”, pide. “Presten un poquito de atención a la llegada”. Después se desplaza entre las barras. Mira una espalda, un hombro, una cadera. Pregunta antes de tocar a un alumno y corrige con delicadeza la postura.

“Entra el brazo, pero no entra el hombro”, explica con una voz amplificada por el micrófono que lleva pegado al cuerpo. Más adelante dice: “No dejes colapsar tu torso”.

La clase es, además de una sesión de ballet, un glosario de términos franceses y de anatomía avanzada. Pero Hernández no parece interesado en que los alumnos memoricen palabras: quiere que comprendan qué hace cada parte del cuerpo y por qué hay maneras de “destruir” el cuerpo si las posturas no se hacen con precisión.

“Ya me emocioné y quiero hacer muchas cosas”, admite en algún momento y sigue. Cuenta, marca el ritmo con las manos, demuestra, observa. Cuando pregunta si alguien está cansado, nadie responde. Insiste. Unas pocas manos se levantan tímidamente. “Son valientes”, les celebra.

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Isaac Hernández en el Cenart.Eric Lugo

Lo que el cuerpo aprendió

Hernández habla desde su propia experiencia. Cuenta que descubrió muy temprano la importancia de trabajar la articulación de los pies y que aquello, desde los 11 o 12 años, cambió su manera de bailar. Otros aprendizajes llegaron mucho después: hace apenas unos meses, explica, una maestra en Nueva York volvió a insistir en la colocación de hombros y espalda. Son correcciones que ahora él intenta traducir para otros.

“Yo sigo sintiéndome alumno”, dirá después de la clase. “Con los años entiendes que todo lo que recibiste de grandes maestros y artistas se convierte también en una responsabilidad de transmitirlo”.

Eso explica su insistencia en detalles que podrían parecer mínimos: la pelvis, la tensión del cuello y los hombros, la rotación que se fuerza de más. “Enseñar me obliga a entender y explicar cosas que mi cuerpo lleva años haciendo de manera instintiva”, confiesa.

También se baila lo que se escucha

Las barras finalmente se retiran. Los alumnos las toman entre varios y las arriman hacia los extremos del escenario. De pronto, el mundo se abre.

Hernández cambia el registro. Les pide que escuchen la música cuando estén en el centro, que la bailen, que disfruten el movimiento. Hasta mueve los hombros con cierta picardía para explicarles que la expresividad también puede comenzar ahí.

Entonces pregunta: “¿Alguien sabe de quién es esa música?”. Nadie responde. No importa. La tarea queda planteada. Porque para Hernández la música no es el fondo de la danza, sino parte de su sentido.

“No basta con contar tiempos: hay que saber qué estás escuchando, quién lo compuso y qué quiere decir esa música. La técnica te da las herramientas; la música te permite convertirlas en arte”, detallará a pregunta expresa.

La clase termina con el escenario despejado, los cuerpos de alumnas y alumnos lanzados al aire, desprovistos ya de caras largas o nerviosas, intercambiadas por sonrisas victoriosas, y Hernández todavía corrigiendo, mostrando, repitiendo.

Este sábado 29 de agosto Isaac Hernández encabezará la gala Despertares 2026 en Auditorio Nacional, compartiendo el escenario con destacadas figuras y compañías internacionales en un programa que incluye Carmen, Giselle, Otelo y el debut de Hernández en Sinatra Suite.

Pero antes de volver al gran escenario, Hernández ha pasado la mañana haciendo algo más íntimo: intentando que otros cuerpos descubran aquello que el suyo tardó años en aprender.

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Despertares 2026Cortesía

Despertares 2026

  • Sábado 29 de agosto
  • 20:30 horas
  • Auditorio Nacional

El programa

Incluye fragmentos de Carmen, Giselle y Otelo, además del debut de Isaac Hernández en Sinatra Suite, coreografía de Twyla Tharp creada para Mikhail Baryshnikov

Participarán artistas vinculados con la Ópera de París, San Francisco Ballet, Mariinsky Ballet, La Scala de Milán, American Ballet Theatre y Yoann Bourgeois Art Company, entre otros

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