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Ni para qué preguntar cuando volverán
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Realiza cada una de tus acciones como si fuera la última de tu vida. Marco Aurelio
El periodo vacacional en general está por llegar a su final, en estos días irregulares por nombrarlos de alguna manera, diferentes también porque lo han sido, hay acontecimientos que le dan un vuelco a los pensamientos en tiempo pretérito; la planeación se transforma en desánimo por momentos.
Hay conceptos primarios dentro de la baraja muy corta, en las similitudes, pero además corre más aprisa el zumbido que la noticia, sólido y hasta compacta la realidad, las escaleras son el distintivo ante la edad adulta, mencionaba un amigo de antaño y vaya que le asistía y persiste la razón.
No hay caprichos burocráticos, sincronía en las aproximaciones, miradas de una forma distinta ahora, la seriedad y los compromisos en un proyecto educativo, van paso a paso, aprendiendo y entendiendo, lo deficiente convertirlo en éxito, la niñez y la juventud no están en las mediciones, la improvisación no tiene espacio.
La abundancia cual palabra que implica retos, está en el ambiente, nos rodea y nos impulsa, la prosperidad no es una meta inmediata, hay que romper con la rutina, con las dependencias a lo rutinario, arriesgar es la clave, la creación desde la publicidad hasta el convencimiento de un equipo, debe formar parte del todo siempre, no por designación.
Amantes y amigos, compañeros de aventuras, tal vez hasta parrandas, donde nos trasnochamos en el otro pueblo, sin que la euforia fuera pretexto para seducir de más al consciente, pero esos no están más entre nosotros, menos tenemos a quien preguntar cuando volverán, porque partieron, simplemente murieron.
Una tregua más o una tregua menos forma parte del horizonte ahora, la juventud es sinónimo de vitalidad, de compañías que se desean, aprender sin dramas, curiosos, desdichados, presurosos, así vamos calmando las ansias, determinando tiempos y momentos, cuando el silencio deja de correr junto al viento.
Quizá no tengamos más tiempo para escribir el par de libros de la memoria, ante lo festivo de la soledad, la política ni siquiera mueve virtudes, ni las esperanzas que estaban puestas hace un par de meses, la curiosidad en los espacios extraordinarios aumenta sin autógrafos, sino en una receta médica.
Familiares distantes por una herencia, en esos testamentos traicionados que hemos compartido en estos espacios de intenciones, sanas, en lo deseable de las vestimentas y la concentración de ideas, en la defensa del espacio público y atesorado en lo privado.
Vacaciones sin escapatoria, la rutina está ahí, en medio de una multitud en el metro de la Ciudad de México, en unos días más, para sentir que estamos vivos, sin discursos ni maniquíes, sin metáforas ni ruidos de las olas en su mayor cresta, sino en los valles que han aterrizado, forzosamente entre las inquietudes y los gustos por convocar a conocer otros destinos.
Palabras al viento, cuestionamientos todos, depender, entender el juego de las luces y las sombras en un escenario visible, en el interés de los que no heredamos, tan solo fue un gran espejismo entre los traidores de un festín agotado.
ENTRE LÍNEAS
Poco a poco vamos entendiendo las vías para evitar la recesión, palabra altisonante hoy, pero la implicación es una terrible baja demanda, que se traduce en la disminución de la actividad económica y un incremento en el desempleo; eso es Campeche 2026 también y los años anteriores por la mediocridad y la corrupción galopante.