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Opinión

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Pemex: la profecía crediticia que adelanta Wall Street

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

“El mercado no espera a que se publique la autopsia”, dice un viejo dicho de los operadores financieros para recordar que el riesgo se descuenta mucho antes de que las agencias calificadoras emitan un comunicado oficial. La reciente nota de Bloomberg, titulada “Mexico bonds trade like junk after $130 billion bailout of Pemex”, encendió las alarmas. La petrolera es percibida en los mercados como un barril sin fondo que devora cada vez más rápido los recursos públicos, lo que lleva a los inversionistas a exigir rendimientos propios de un país de riesgo especulativo: un nivel de papel “basura”.

La calificación crediticia de un país es como el reporte del buró de crédito de una persona: mientras mejor sea, más fácil le resulta conseguir préstamos y a tasas más bajas. Actualmente, México está en el peldaño más bajo dentro del grado de inversión; un paso en falso y el siguiente nivel es el especulativo, ese de los “bonos basura”, donde menos capitales invierten y se exige un premio mayor por el riesgo.

Lo que Bloomberg publicó esta semana sobre el contagio a la deuda soberana mexicana por el deterioro de Pemex no es una opinión de esas que llevan al régimen a poner a la fuente en sus listas negras; es el reporte de que simplemente Wall Street está haciendo cuentas y, en la práctica, ya le está cobrando a México la misma tasa de interés alta que le cobran a los países castigados con calificación basura. Ven que la dependencia financiera de Pemex es un riesgo enorme.

Es muy importante tener claridad sobre esta advertencia para evitar confundir peras con manzanas. La reacción de la Secretaría de Hacienda habla de una aparente estabilidad en los indicadores de corto plazo, como la baja en las primas de riesgo de los Credit Default Swaps (CDS), pero esta respuesta confunde la estabilidad coyuntural con la solvencia estructural. Vámonos a las analogías: es como presumir que el paciente tiene la presión arterial controlada gracias a la anestesia, mientras el reporte médico omite decir que el tumor sigue creciendo.

El problema de fondo es el contagio financiero que implica Petróleos Mexicanos convertido en una esponja fiscal. La salida dogmática y equivocada de este régimen, al cancelar la reforma energética que le daba a Pemex la oportunidad de redimensionarse y al sector privado la opción de participar ha implicado la inyección de recursos fiscales que ya superan los 130,000 millones de dólares y que intoxican la hoja de balance del propio gobierno.

Por esa visión populista de la petrolera, se distraen recursos que podrían servir para salud, educación o infraestructura. Pero no solo eso; es de tal tamaño el traspaso de recursos que, al no haber un saneamiento real de Pemex, lo que presenciamos es una estatización de sus pérdidas y de su deuda.

La economía crece con debilidad, el déficit fiscal es alto y Pemex devora los recursos públicos sin una mejora real. El mensajero, Bloomberg, solo recuerda lo que en los pasillos de Wall Street repiten: los mercados cotizan en tiempo real, mientras que las agencias calificadoras leen el periódico de ayer.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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