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Opinión

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Desde las otras murallas

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Y como la memoria contiene todos los tiempos y su orden es imprevisible. Elena Garro

No solo alimentamos el presente de ansiedades y pasado, los episodios en la vida se entretejen entre la discursiva oficial y los componentes que nos abren períodos, de un análisis profundo de las situaciones que se esperaban y no llegaron, además de esa mezcla de duda e incertidumbre.

Una vez más visitar la capital de Campeche nos posibilita un criterio propio, por supuesto con los otros datos, desde las otras murallas, unas que están ahí desde que éramos pequeños, y las que se construyeron en el siglo XX, que había derrumbado el tiempo y la maldad.

El horizonte alterno no nos cambia la perspectiva del amplio reparto de personajes, con una mirada distinta, desde los que hicieron por el campo y su agricultura, los caminos que sacan cosechas, que eran tan sólo brechas, hasta la incursión hoy en los paneles solares y un gaseoducto.

Comunicar siempre es la disyuntiva en la perspectiva de los que observan, quienes fueron apartados sin posibilidad de hablar o defender posiciones, no son ni eran los nuevos colores, sino el desconocimiento del entorno y la “lealtad” a un proyecto luminoso, pero sin provenir.

Los datos pueden ser quizá hasta sorprendentes en una economía emergente, que basaba su fortaleza en la actividad petrolera, sin vocación ni alternativas de diversificar, ante un producto no renovable, y los vaivenes y tumbos de una empresa vuelta a lo paraestatal, pero casi pulverizada por la corrupción galopante de los años neoliberales entre priistas y panistas. 

Denominaciones que preocupan al sector empresarial local, pero la queja no llega a hacer el ruido suficiente, los cambios en las formas de gobernar y los golpes mediáticos de los hechos consumados tanto en la Universidad de Campeche como en el Congreso del Estado con una revuelta de al menos diez diputados de Morena, hablan del descontrol a la vista en la operación, como lo afirmó el Senador Anibal Ostoa. 

Lo petrolero no va más para la entidad campechana y eso vaya que ha levantado polvo y en contraste, defensa de la ignorancia legislativa de quienes se han beneficiado, aprovechando el 2018 con el partido que llegó al poder ejecutivo federal. 

Han sido años convulsos en una economía que puede apostar a una buena sacudida desde los ciudadanos, como bien se apunta desde la crítica válida, no tendenciosa, que busca además considerar los buenos números que están lejos de poner en la mesa de la tranquilidad social. 

En un primer mapeo de la realidad, caminamos cinco kilómetros en las banquetas de enfrente del malecón campechano, registros abiertos, basura de todo tipo por doquier, desde plásticos hasta llantas, pasando por palmas secas y el panorama es desolador, decenas de comercios cerrados, sin operar ya, casas en renta y venta, una tras otra, el abandono de la autoridad que debe atender los servicios públicos o básicos, ausente totalmente. 

Los tres días de asueto del carnaval serán una cruda larga, porque al llegar el jueves 19 de febrero está distante la quincena, esa que activa a cuenta gotas algunos negocios tendrán algo, porque a un año de distancia, la calle 59 de vocación nocturna antes y ahora también desde las mañanas, tiene hoy la mitad de lo había hace doce meses, para preocupación mayúscula de los emprendedores. 

ENTRE LÍNEAS

Se espera la iniciativa de reforma laboral pronto en el Congreso, abierta al debate se afirma, que contendrá correcciones y “mejoras”, del manifiesto que redactó Pablo Gómez y que es letra muerta.

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