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La muerte por mano propia en pueblos originarios de México: una mirada desde la cultura, la memoria y la vida comunitaria

OpiniónEl Economista

México suele definirse como una nación pluricultural. Sus pueblos originarios representan una de las mayores riquezas históricas y culturales del país: lenguas, territorios, conocimientos ancestrales y formas particulares de comprender la vida, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte.

Sin embargo, cuando se analiza uno de los problemas de salud pública más complejos de nuestro tiempo, el suicidio, aparece una paradoja: todavía sabemos poco sobre cómo este fenómeno se expresa dentro de las comunidades originarias y qué significados socioculturales representan en cada territorio.

El suicidio también es un fenómeno social y cultural. Las sociedades construyen explicaciones sobre la muerte, el dolor, el cuerpo, la familia, la enfermedad y la salud y la pertenencia comunitaria. Comprenderlo requiere analizar no solamente los factores individuales, sino también las historias colectivas, los sistemas de significado y las formas en que cada comunidad interpreta el sufrimiento humano.

México es uno de los países con mayor diversidad cultural del mundo. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), millones de personas se reconocen como indígenas y cerca de siete millones hablan alguna de las 68 lenguas indígenas nacionales. Esta diversidad representa una parte fundamental de la identidad mexicana.

Sin identificar diferencias entre comunidades, conocer factores protectores, comprender las formas culturales de enfrentar el sufrimiento y diseñar políticas públicas que respondan a las necesidades específicas de cada pueblo.

Algunas entidades con importante presencia originaria han presentado históricamente tasas elevadas de suicidio, como Yucatán, Quintana Roo y Campeche. Al mismo tiempo, otros estados con grandes poblaciones originarias, como Oaxaca, Guerrero y Veracruz, según las estadísticas oficiales han mostrado tasas menores, una importante cuestión emerge para explicar estas cifras.

Esto demuestra un punto primordial, el fenómeno debe comprenderse desde la historia, la cultura, las transformaciones sociales, las condiciones comunitarias y las experiencias particulares de cada territorio.

Una historia poco conocida: la muerte voluntaria en el mundo náhuatl

Las fuentes históricas sobre la muerte voluntaria en el México antiguo son escasas y, en algunos casos, complejas de interpretar. Sin embargo, investigaciones antropológicas e históricas han permitido aproximarse a la manera en que diferentes sociedades originarias comprendían la relación entre vida, muerte y trascendencia.

Uno de los trabajos más relevantes es el del investigador Patrick Johansson, “Nenomamictiliztli. El suicidio en el mundo náhuatl prehispánico”, donde analiza los conceptos relacionados con la muerte voluntaria dentro de la cultura náhuatl.

Johansson muestra que el mundo náhuatl contaba con expresiones propias para referirse a estas experiencias. El término nonemictiloca, traducido como “mi muerte voluntaria”, revela que la muerte por propia mano no era un concepto inexistente o ajeno, sino una realidad interpretada dentro de un sistema cultural, religioso y social determinado.

Dentro de esta cosmovisión, la muerte voluntaria podía adquirir significados relacionados con el sacrificio, el honor, la relación con lo sagrado o circunstancias específicas de sufrimiento. Esto permite comprender que la muerte voluntaria ha acompañado a las sociedades humanas a lo largo de la historia, aunque sus significados cambian según la cultura y el momento histórico.

Las culturas no permanecen estáticas. La colonización, la evangelización, los cambios económicos, la migración y las nuevas formas de organización social transformaron profundamente la manera en que las comunidades interpretan la vida y la muerte.

La complejidad del mundo maya: memoria, símbolos y representaciones sociales

En la región maya del sureste mexicano, que comprende actualmente Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Chiapas y parte de Tabasco, la relación con la muerte ha sido estudiada desde diferentes disciplinas.

Durante años, una figura ha ocupado un lugar central en las interpretaciones populares: Ixtab.

Diversos textos han presentado a Ixtab como la “diosa maya del suicidio” o la “diosa de los ahorcados”. Sin embargo, desde la antropología esta interpretación requiere una revisión crítica. No existe evidencia suficiente para afirmar lo anterior.

Las referencias históricas provienen principalmente de fuentes coloniales y forman parte de un complejo sistema simbólico donde la muerte, el tránsito espiritual y la relación con lo sagrado tenían significados particulares.

Las investigaciones cualitativas de Badecano en comunidades mayas de Yucatán muestran que alrededor del suicidio persisten imaginarios sociales profundamente arraigados. Las familias pueden cargar con el estigma durante años; algunas viviendas donde ocurrió una muerte son evitadas por miembros de la comunidad y aún sobreviven expresiones como “los familiares del ahorcado”.

Hernández documentó igualmente cómo estas representaciones forman parte de un entramado cultural construido a partir del sincretismo entre antiguas creencias mayas y elementos religiosos incorporados ulteriormente.

México posee una de las tradiciones culturales más profundas alrededor de la muerte. La celebración del Día de Muertos, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, expresa una relación simbólica y comunitaria con quienes han fallecido.

Mientras los rituales de la muerte permiten recordar, integrar y mantener vínculos simbólicos con los antepasados, el suicidio continúa siendo un acontecimiento marcado por dolor, silencio, preguntas y estigma en muchas comunidades.

Hacia una prevención intercultural

Las experiencias internacionales ofrecen una ilustración esencial. Investigaciones realizadas con comunidades originarias de Canadá, Australia, Brasil y Nueva Zelanda muestran que los programas nacionales de prevención fracasan cuando no toman en cuenta las particularidades culturales de cada comunidad.

No basta con aplicar modelos generales desde las ciudades hacia los territorios. Las estrategias más efectivas son aquellas construidas con las comunidades y no únicamente para ellas.

Esto implica incorporar lenguas, territorios, historias locales, autoridades comunitarias, familias, jóvenes y formas propias de organización social.

El suicidio nunca tiene una explicación única. Mucho menos en un país con la diversidad histórica y cultural de México.

Comprender el suicidio en los pueblos originarios exige mirar más allá de las cifras y escuchar los significados que cada comunidad construye alrededor de la vida, la muerte y el sufrimiento es la base.

*La autora es, socióloga, doctora en Ciencias de la Salud Colectiva por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Xochimilco) y cuenta con una maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración Pública de Québec (ENAP). Su trayectoria académica y profesional se ha enfocado en la prevención del suicidio, la evaluación de políticas sociales y el análisis de los determinantes socioculturales de la salud.

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