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Opinión

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Los machos de Jalisco no se rajan… se mojan

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

En Jalisco se ha producido un milagro hidráulico que debería estudiar la comunidad científica internacional: el gobierno no consigue que llegue agua limpia a las casas, pero cuando se trata de reprimir manifestantes, aparece en abundancia, a presión y con puntualidad suiza. El líquido que escasea en las tuberías brota generosamente de las mangueras policiacas.

Los habitantes de Guadalajara y Zapopan salieron a protestar porque de sus llaves sale un líquido que, por su color, olor y consistencia, parece una combinación de petróleo crudo, caldo de frijoles y aguas negras. Un producto que no debería cobrarse como agua potable, sino venderse como material para experimentos químicos.

Los inconformes cometieron la imprudencia de exigir agua limpia. Y el gobierno, siempre dispuesto a escuchar las necesidades populares, se las concedió: les mandó chorros a presión directamente al cuerpo. ¡Servicio a domicilio! Bueno, a domicilio no, porque para recibir agua limpia hay que salir a protestar.

El gobernador Pablo Lemus podría presumir que su administración ha encontrado una solución revolucionaria al problema del abastecimiento: sustituir las tuberías por vehículos antimotines. En lugar de abrir la llave, los ciudadanos deberán organizar manifestaciones. Cuanto más numerosa sea la protesta, mayor será la presión del agua.

La innovación merece patentarse como el Sistema Jalisciense de Abastecimiento mediante Represión Hidráulica. Sus siglas, SIARH, suenan a organismo gubernamental y, como cualquier organismo gubernamental, sirven para justificar lo injustificable.

Pero el espectáculo no terminó con el baño colectivo. Según las denuncias, varios manifestantes detenidos habrían sufrido torturas. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos investiga posibles violaciones a las garantías fundamentales durante y después de la protesta del 11 de octubre, cuando 39 personas fueron detenidas. Es decir, primero les dieron agua a presión y después, presuntamente, les aplicaron otros procedimientos que nada tienen que ver con el tratamiento de aguas residuales, aunque sí con el tratamiento que algunos policías reservan a quienes ejercen su derecho a protestar.

La presidenta Claudia Sheinbaum endureció el tono y exigió investigar las denuncias. Declaró que “la tortura a los jóvenes es algo que tiene que desaparecer en nuestro país” (Luego, ¿da por hecho que existe?)-

Aunque la tortura no debe desaparecer solamente cuando las víctimas son jóvenes, sino también cuando son adultos, ancianos, opositores o personas que tuvieron la mala suerte de encontrarse frente a un policía convencido de que la Constitución es un manual de defensa personal.

La CNDH recabará testimonios, realizará certificaciones médico-legales y revisará las denuncias sobre obstáculos para acceder a una defensa jurídica adecuada. Esperemos que la investigación no termine siendo como el agua de Guadalajara: turbia, maloliente y difícil de tragar.

Resulta particularmente indignante que una protesta por un servicio público deficiente termine convertida en un problema de derechos humanos. Los ciudadanos salieron a exigir que el gobierno cumpliera con su obligación de proporcionar agua potable y recibieron, como respuesta, una demostración práctica de cómo funciona la presión gubernamental.

Dicen que los machos de Jalisco no se rajan. Y parece que tampoco los funcionarios se rajan cuando deben defender lo indefendible. Aunque sería preferible que demostraran su valentía enfrentando la contaminación del agua y no a ciudadanos desarmados.

Por cierto, si las denuncias de tortura se confirman, no bastará con una disculpa, una conferencia de prensa ni una promesa de capacitación policiaca. Habrá que identificar y sancionar a los responsables, incluidos quienes hubieran ordenado o tolerado los abusos.

Mientras tanto, los habitantes de Guadalajara y Zapopan han descubierto una amarga paradoja: para bañarse con agua limpia necesitan enfrentarse a la policía.

En Jalisco, el agua potable no llega por las tuberías: llega por la fuerza pública. Y al que protesta por el agua sucia, el gobierno lo deja limpio… de un manguerazo.

elprivilegiodeopinar@eleconomista.mx

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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