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Opinión

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León XIV y la inteligencia artificial

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Cuando en 1891 el papa León XIII, publicó la encíclica “Rerum Novarum” —considerada el documento fundador de la Doctrina Social de la Iglesia Católica— no necesitó algoritmos ni ayuda de una Inteligencia Artificial. Le bastó con ver cómo la Revolución Industrial había avanzado al ritmo de las máquinas de vapor, mientras los obreros retrocedían en sus derechos: jornadas de trabajo interminables; salarios miserables; niños trabajando más horas que las que hoy dedica un diputado a justificar sus ausencias; y una pobreza tan extendida que hasta los economistas de la época la podían ver.

Ciento treinta y cinco años después, su admirador y sucesor nominal León XIV, decidió emitir una encíclica “Magnifica Humanitas” para enfrentar la Revolución Tecnológica del Siglo XXI: la Inteligencia Artificial que podría conducirnos, en su opinión, a nuevas formas de esclavitud. La comparación resulta inquietante y, tal vez, precipitada.

León XIV estableció un paralelismo entre la antigua esclavitud y ciertas formas de explotación que podrían surgir alrededor de la Inteligencia Artificial. Aprovechó además para ofrecer una disculpa histórica en nombre de la Iglesia Católica por su comportamiento frente a la esclavitud. Dijo sentir un profundo dolor por el sufrimiento padecido por millones de seres humanos y pidió, sinceramente, perdón.

No es poca cosa. La Iglesia lleva 2,000 años acumulando expedientes y, de vez en cuando, abre alguno para decir: “En efecto, aquí hubo un pequeño error de procedimiento”.

La comparación entre la esclavitud tradicional y la posible esclavitud digital merece reflexión. Es cierto que detrás de la Inteligencia Artificial existen grandes empresas tecnológicas que han descubierto una fórmula maravillosa: convertir nuestros hábitos, gustos, miedos y opiniones en materia prima comercial. Y se hacen como que la Virgen les habla, para no pagar los derechos de autor y conexos con el que entrenan —yo diría que alimentan— la moderna tecnología digital.

Sin embargo, aquí es donde me permito disentir respetuosamente del Vaticano. La Inteligencia Artificial no es un demonio electrónico escapado de los sótanos del infierno digital. Tampoco es un nuevo traficante de esclavos disfrazado de fibra óptica. Es una herramienta. Y como toda herramienta, su bondad o perversidad depende del uso que le dé el ser humano.

La rueda sirvió para transportar alimentos, pero también ejércitos. La imprenta difundió conocimiento, aunque igualmente propagó fanatismos. La electricidad ilumina hospitales y alimenta la silla eléctrica. Nadie propuso desarmar la rueda, prohibir los libros o desenchufarnos de la energía eléctrica.

Me cuesta trabajo imaginar una campaña mundial para desmontar la Inteligencia Artificial como lo insinúa el Obispo de Roma. ¿Quién se encargaría de hacerlo? ¿Un ejército de monjas especializadas en programación? ¿Una Guardia Suiza equipada con antivirus? ¿Un cardenal revisando servidores en Silicon Valley para excomulgar algoritmos sospechosos? Lo que sí debemos desmontar es la estupidez humana. Esa sí ha demostrado ser un arma de destrucción masiva.

León XIV tiene razón al advertir que ninguna innovación tecnológica debe convertir a los seres humanos en mercancía. Tiene razón al recordar las tragedias de la esclavitud y al pedir que la historia no vuelva a repetirse bajo nuevas formas.

Paradójicamente, la IA puede ayudar a diagnosticar enfermedades, acelerar investigaciones científicas, mejorar procesos educativos, optimizar el uso de energía y resolver problemas complejos. Puede asistir a médicos, ingenieros, agricultores y estudiantes. Los avances que hoy se cuestionan son precisamente los que podrían contribuir a extinguir la esclavitud del hambre, la esclavitud de las enfermedades y la esclavitud de la desigualdad y la pobreza.

El verdadero riesgo no reside en la tecnología. Reside en quienes la controlan, la regulan o la utilizan. El problema nunca ha sido el martillo, sino la mano que decide dónde golpear.

La Inteligencia Artificial llegó para quedarse. Como el fuego, la rueda, la imprenta, la electricidad o el Internet. Y probablemente terminará siendo tan buena o tan mala como nosotros mismos. Lo cual, siendo honestos, es la parte verdaderamente preocupante.

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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