Lectura 4:00 min
El juego del calamar, en Ceuta
Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
En el año 2021 más de 30 mil inmigrantes sin papeles provenientes de Irak, Afganistán, Eritrea y Siria, entre otros países, intentaron ingresar a Polonia a través de la frontera con Bielorrusia.
En noviembre de ese año Varsovia señaló a Putin y Lukashenko, presidentes de Rusia y Bielorrusia, respectivamente, de haberlos llevado a la frontera.
Durante el año 2020 solo ingresaron 88 inmigrantes sin documentos a Polonia desde Bielorrusia; de agosto a noviembre de 2021 el número de intentos de cruce fue 33,200.
La estrategia de incentivar de manera masiva a inmigrantes bajo el efecto “llamada” forma parte del extenso catálogo de la guerra híbrida de Putin en contra de Europa.
Lo ocurrido el jueves en Ceuta, donde llegaron más de 50 mil personas procedentes de territorio marroquí, no es resultado de una simple coordinación entre inmigrantes que deseaban llegar a España a través de redes sociales, se trata de un “arma” de la guerra híbrida destinada a desestabilizar a España y a la Unión Europea.
La relación diplomática entre Marruecos y España no pasa por su mejor momento: son dos de los tres vértices cuya tensión se acelera mientras llega octubre, momento en el que Argelia (el tercer vértice) y España celebrarán una Reunión de Alto Nivel con la que cerrarán un capítulo de desencuentros. Es claro que Marruecos no ve con buenos ojos el acercamiento de España con Argelia. Por el contrario, el rey marroquí Mohamed VI mantiene una excelente relación con Donald Trump tras haber reconocido el Sáhara Occidental como soberanía marroquí. La semana pasada, el rey anunció que una carretera de su país llevará el nombre del presidente estadounidense.
Las autoridades de Marruecos provocaron un apagón de información durante 72 horas. ¿Cuál fue su papel en la creación de la crisis? Ayer culparon a “malas interpretaciones” de la ley española por lo ocurrido y admitieron sólo 11 muertos en su territorio.
Fue durante el primer gobierno de Trump cuando Jared Kushner negoció con Marruecos los Acuerdos Abraham; entente con el que el país africano reconoce de manera oficial a Israel, sumándose a una lista de naciones sunitas que, juntos, han dado un vuelco geopolítico en la zona.
Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán lo han hecho, y cuando Arabia Saudita se encontraba negociando con Israel y Estados Unidos su incorporación, ocurrió el ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de hace tres años.
El ministro del Interior español señala a las redes de tráfico de humanos como responsables de lo ocurrido el jueves, sin embargo es claro que lo hizo para no deteriorar la relación con Marruecos. Difícilmente los traficantes podrían trasladar a 50 mil personas en pocas horas. Su trabajo-hormiga no es masivo.
Por otra parte, Trump trató de rentabilizar la tragedia señalando en sus redes que lo de Ceuta podría ocurrir en Estados Unidos en las elecciones presidenciales de 2028 en caso de que los demócratas regresen a la Casa Blanca.
Georgia Meloni y la danesa Mette Frederiksen pidieron suspender a España del acuerdo de libre circulación (Schengen). Ambas sabían que Ceuta no forma parte del espacio Schengen.
Jordan Bardella, presidente del partido de Le Pen mencionó que “en pocos días más, 60,000 ilegales circularán por las ciudades europeas sin ningún control”.
El uso de inmigrantes como señuelo resulta no solo un arma de la guerra híbrida, refleja la etapa más oscura de la concupiscencia política.
Putin y Trump, felices; observando las fisuras de la Unión Europea.
Ambos parecen personajes de El juego del calamar. La serie coreana donde empresarios y políticos aparecen en una especie de palcos de estadio disfrutando ver la muerte de pobres soñadores.