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Opinión

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Informalidad, las herencias involuntarias

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Mariano ESPINOSA RAFFUL

El silencio también es una victoria. Anónimo

Alborotos al por mayor en la mayoría de los temas de la actualidad en México y el mundo, la globalización y las comunicaciones hacen que nos enteremos en tiempo real, por supuesto son mayoría las negativas, con palabras que alertan de que pueden darse peores escenarios en el corto plazo, hace un cultivo peligroso; entre las ansiedades y los supuestos.

Si bien se afirma que nada sucede por casualidad, en la actual legislatura federal, los cambios y nuevas leyes se han dado sin discusiones de fondo, sin un análisis del impacto en la población receptora, pero también en tiempos de crispación y cuestionamientos de todo tipo.

No hay en el horizonte relevos generacionales, en un país de jóvenes, que se construye ciudadanía a golpe y porrazo, en la manifestación no solo de ideas y conceptos válidos, excluidos de las plataformas de los otros pronunciamientos.

La política está hoy en una franca falta de credibilidad, en esa austeridad que se estrella con los hechos, la falta de atención a lo fundamental, ahí donde las contraprestaciones no alcanzan a cubrir los mínimos, el endeudamiento del país preocupa no solo a los economistas, cuando de cada peso entre el producto interno y los compromisos de pago, casi cincuenta centavos son para cubrir estos empréstitos.

Han subido como la espuma desde Felipe Calderón y la llegada de Peña Nieto, sin responsabilidades ahora ante una probable recesión, porque los combustibles están subsidiados, y es el motor que mueve a las mercancías desde afuera y dentro del territorio mexicano.

No perdamos de vista la violencia, que ocupará la mayor preocupación, al expresarse los ciudadanos, si los dejan, en las campañas del año venidero, porque ahora solo son escarceos para dar la mejor sonrisa, el saludo que sorprende y hasta la promesa que se incumplirá seguramente.

Los otros alborotos se han ido pronto, el mundial de futbol que distrajo a la audiencia, la poca fe en ese quinto y ahora sexto partido, con la carrera de fórmula uno en puerta, pero como es un deporte clasista se notará menos.

Estamos instalados en la incertidumbre, en las horas que perdemos en el tránsito vehicular con miles y miles de obstáculos, donde los tiempos del cambio climático, dan frío con todo y rayos de un sol que se agota pronto también.

Y en las giras de la presidenta los sobres donde la queja se resguarda, para llegar a una oficina de palacio nacional, que le da seguimiento y poca atención, la exigencia es de urgente necesidad, no la de la aprobación de leyes con poca claridad de sus objetivos, cuando por todas partes se asegura que no hay dinero.

Tenemos las elecciones a la vuelta de las otras quejas, de esa oposición en la comodidad de solventar todo con los recursos públicos, que debe reformar el legislativo, dinero para las prioridades, no para los políticos de partidos rémoras, que acuñan solo frases y canciones, ninguna propuesta seria para beneficio del pueblo ya no tan bueno y ni tan sabio.

Así las procesiones del silencio, en las herencias involuntarias, en la retórica de los supuestos y las bodegas donde los medicamentos caducan y los guantes no alcanzan a divisar el oficio de petición en Quintana Roo.

Entre líneas

Campeche una vez más es noticia en las negaciones del infortunio, como le nombro; porque de las participaciones federales, nuestra entidad tuvo la caída más prolongada, la recaudación participable se redujo. Y la pregunta lógica de botepronto: ¿Dónde están los legisladores campechanos?

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