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Opinión

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La ilusión del récord en la inversión extranjera

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Es una obsesión gubernamental comunicar victorias económicas que no existen, y lo único que logran es desacreditarse como una fuente confiable de información para los que utilizan y entienden esa información.

Apenas la Secretaría de Economía publicó las cifras de Inversión Extranjera Directa (IED) correspondientes al cierre del primer semestre del 2026, y la maquinaria de propaganda se puso en marcha para que sus voceros y medios afines amplificaran el titular de un “nivel histórico” en este tipo de flujos del exterior.

Más allá de lo que implica una cifra nominal a la que no se le descuenta ni la inflación, hay una obsesión por maquillar la realidad que expone la urgencia de fabricar un éxito en medio de una evidente desaceleración en una economía con problemas de confianza.

Lo peor es que al militante de a pie, a ese que tienen cautivo como carne de cañón electoral, este tipo de cifras simplemente le resultan ajenas; su lealtad no responde al flujo de divisas medidas a través de la IED, sino a la dádiva y al discurso populista de lo cotidiano.

Si esta coreografía mediática busca aplacar la ansiedad de los mercados y del sector financiero, simplemente no lo consigue, porque esos sectores sí saben leer los indicadores más allá de un titular o de unas ocho columnas; lo que logran es mermar mucho más su credibilidad como fuente confiable de información. Tampoco vamos a escuchar al ama de casa de clase media decir: “subió el precio del huevo, pero no importa porque la Inversión Extranjera Directa está en un nivel récord”.

La realidad de las cifras de la IED del segundo trimestre del 2026 es que se registró una caída real tanto en su comparación trimestral como anual, lo que claramente anula el relato del crecimiento imparable. Pero lo que más hay que atender es la composición de esos capitales, porque la gran mayoría corresponde a una reinversión de utilidades de empresas ya establecidas en México y que no pueden parar su operación; es poco lo que se etiqueta como nuevas inversiones.

Que una compañía transnacional decida mantener sus ganancias en el sistema financiero local por razones de estrategia fiscal, costos de repatriación o por cautela operativa, está muy bien, pero no equivale automáticamente a inversión fija. Es decir, ese dinero no se traduce necesariamente en la ampliación de la plataforma productiva con la compra de maquinaria, o la ampliación de las naves industriales o de la infraestructura de producción.

Los capitales externos no están llegando con el ritmo que pretendía el propio gobierno con su llamado Plan México en plena moda del nearshoring. En el ámbito interno, la incertidumbre jurídica provocada por la pérdida de independencia del Poder Judicial y la eliminación de los controles autónomos, han cambiado las reglas del juego para todos, a esto se suman los cuellos de botella estructurales, como la falta de garantías en el suministro de energía, el estrés hídrico y las deficiencias en infraestructura logística.

Y en lo externo, la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC y las tensiones geopolíticas imponen una postura entre los que toman decisiones de inversión de “esperar y ver”.

Los capitales externos no están llegando con el ritmo que pretendía el propio gobierno con su llamado Plan México en plena moda del nearshoring.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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