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La IA carece de la conciencia de la inteligencia natural
Opinión
Hay una gran e intensa polémica sobre el alcance y potencial de la inteligencia artificial (IA). Los tecnoplutócratas aseguran que la versión de la inteligencia llamada generativa ha logrado la conciencia. Cierto, peligrosamente se ha salido de control, parece autónoma, pero así fue entrenada y hace para lo que se le programó. La neurociencia rechaza esa posibilidad. Dos libros seminales de Antonio Damasio, uno de los más reputados neurocientíficos, El camino de la conciencia e Inteligencia natural y la lógica de la consciencia, explican por qué la IA carece de conciencia, pues la conciencia es un proceso biológico. La tesis central del investigador de la Universidad del Sur de California es que la conciencia integra mente, cuerpo y entorno, y los sentimientos nacen de esa conjunción. La razón es inexplicable sin los sentimientos.
La conciencia está vinculada a la vida, a sentir, a la autorregulación corporal para la supervivencia. Un dispositivo como la IA carece de sentimientos porque es un artefacto. La vida es lo que hace a un ser sintiente y consciente. Es la diferencia entre la inteligencia natural y la artificial. La capacidad analítica de esta última puede ser superior, pero carece de conciencia, de voluntad, desarrolla las funciones para las que fue adiestrada. Pero lo más interesante de los hallazgos de Damasio es la relación entre homeostasis (el equilibrio vital que regula hambre, sed, dolor, bienestar) que garantiza la supervivencia biológica y su relación con la sociedad. En la vida comunitaria, el equilibrio biológico se traduce en normas, valores e instituciones. La cultura y la política son, en este sentido, extensiones de la homeostasis: intentos colectivos de asegurar la vida en común, como las instituciones sanitarias,de justicia etcétera. La relación entre supervivencia y ética es el origen de las normas.
Este complejo proceso biológico y social se explica de la siguiente manera: la conciencia, según Damasio, es una solución biológica para la supervivencia. Es más que un lujo cognitivo o atributo exclusivo de la mente abstracta. En los humanos, surge de la necesidad de regular la vida: hambre, sed, dolor, bienestar. Estos sentimientos homeostáticos constituyen el núcleo de la conciencia, pues obligan al organismo a representarse a sí mismo en relación con el mundo. Sin ellos, no habría el sentimiento de existir. El origen de la conciencia de uno mismo es esos sentimientos que nos permiten darnos cuenta de que existimos, y surgencuando el organismo experimenta hambre, sed, dolor o bienestar. El paso siguiente es la acción: el hambre obliga a buscar alimento, la sed, agua, el dolor a evitar daño. El organismo no puede permanecer indiferente: debe actuar para restablecer el equilibrio vital. En esto consiste la homeostasis. Es la señal primigenia de la conciencia.
Así, sentir hambre, sed o dolor, es la primera representación del yo, de la existencia: el organismo se reconoce a sí mismo y se sabe situado en un entorno. El dolor, por ejemplo, es más que una señal nerviosa: es la experiencia de yo sufro aquí y ahora. Una vez reconocido suentorno, los sentimientos homeostáticos trascienden el interior del cuerpo y lo obliga a actuar para satisfacer susnecesidades. Y al satisfacer lo que siente para recuperar el equilibrio interno se relaciona con el mundo externo: alimentarse, evitar el peligro, buscar compañía. La conciencia surge, pues, de la interacción entre lo interno y lo externo.
A partir de esta premisa, la ética se revela como la prolongación cultural de la homeostasis. Cuando la conciencia se proyecta en la vida social, la homeostasis deja de ser únicamente un mecanismo fisiológico y se convierte en fundamento de la ética para lograr la armonía comunitaria. La ética surge como un conjunto de valores que buscan preservar la vida, asegurar la continuidad de la especie y garantizar la convivencia. En consecuencia, es la prolongación de la lógica vital: lo que en el individuo es regulación biológica, en sociedad son normas de conductaque organizan la convivencia común para preservar la vida.
La conciencia, al integrar cuerpo y mente, genera un marco de valores que se proyecta en la vida social. De esta manera, podemos entender que la ética nace como un código interno para preservar la vida y se manifiesta externamente en principios de comportamiento que permiten la convivencia pacífica y la colaboración. Es la traducción cultural de la exigencia biológica de mantener el equilibrio. Así como el organismo regula la temperatura o la presión arterial, las reglas sociales regulan la violencia, la desigualdad y la injusticia mediante normas y principios. La conciencia individual se convierte en conciencia colectiva, y la ética es el puente que asegura que la vida en común sea posible.
Históricamente, este vínculo se ha expresado de formas diversas. Las cosmogonías antiguas legitimaban reglas de conducta vinculadas a la supervivencia; la filosofía griega transformó esas narraciones en principios racionales; la modernidad, con el auge de la ciencia, reinterpretó la ética en clave de derechos humanos y justicia social. En todos los casos, la raíz es la misma: la necesidad de mantener el equilibrio vital, primero en el individuo y luego en la comunidad.
La ética, vinculada a la conciencia, se proyecta en instituciones sociales que funcionan como mecanismos de homeostasis colectiva. Por ejemplo, la educación moldea valores, la justicia regula conflictos y la política permitecooperar. La conciencia es el sentimiento de existir; la ética es la norma que asegura una existencia compartida y sostenible. La primera garantiza la vida individual; la segunda, la vida en común.
Si vinculamos la premisa de Damasio de que la conciencia, es la solución biológica para sobrevivir y que parte de la homeostasis (cuyo fin es lograr el equilibrio vitalo bienestar, mediante los sentimientos primigenios de hambre, sed, dolor, placer, que son el núcleo de la conciencia porque permiten al organismo reconocerse a sí mismo en el mundo, saber que existe, y posteriormente proyectarse en la ética o las reglas de conducta), se observa cómo distintas tradiciones históricas reinterpretaron la homeostasis en normas sociales y culturales.
Estoicismo romano. Los estoicos concebían la virtud como vivir de acuerdo con la naturaleza: equivale a reconocer que la conciencia surge de la regulación vital, como considera la neurociencia, y que la ética debe alinearse con ese equilibrio. La práctica estoica de moderación y autocontrol puede entenderse como una forma cultural de homeostasis: regular las pasiones (emociones intensas, profundas y abrumadoras, usualmente descontroladas, que impulsan a una persona hacia un determinado proceder) para mantener la armonía interior y social.
Ética cristiana medieval. El cristianismo medieval trasladó la regulación vital a la empatía desinteresada. El cuidado del alma, la caridad y la solidaridad fueron lasnormas que aseguraban la cohesión comunitaria. La homeostasis fue una proyección espiritual que, bajo la idea de salvación, funcionaba como un mecanismo colectivo de equilibrio para sobreponerse al sufrimiento, la pobreza y la violencia.
Ética secular de la Ilustración. La Ilustración reinterpretó la ética en clave universal. Los derechos humanos y la noción del contrato social pueden verse como extensiones de la homeostasis: la forma de garantizar el bienestar colectivo mediante reglas basadas en la razón. La conciencia individual se convierte en conciencia ciudadana y la ética se traduce en instituciones políticas para preservar la paz y la vida común.
Ética contemporánea. Hoy, la ética se enfrenta a desafíos globales como la crisis climática, la biotecnología y la inteligencia artificial. En todos estos casos, la homeostasis sigue siendo el núcleo: regular el impacto humano sobre el planeta, equilibrar el avance tecnológico con la dignidad humana, y asegurar que la vida se sostenga en condiciones de justicia y equidad. Este paso implica hacer funcional la democracia.
En resumen, la conciencia es el sentimiento de existir; la ética es la garantía de que esa existencia pueda compartirse y sostenerse.
Ahora bien, cuando esta conciencia se proyecta en la vida social, la ética -como prolongación cultural de la homeostasis-, con el paso del tiempo tiende a transformarseen moral, es decir, en costumbre. Aquí aparece un giro decisivo: lo que en su origen es un mecanismo vital de equilibrio, se convierte en un sistema de normas que además de regular la convivencia, se articulan con el poder político y el control social.
La historia muestra con claridad este proceso. En el estoicismo romano, la ética de la moderación y el autocontrol se convirtió en un ideal cívico que legitimaba el orden y los valores imperiales. En la moral cristiana medieval, la caridad y la solidaridad se institucionalizaron en la Iglesia, que funcionaba como un mecanismo de cohesión social y control político. En la Ilustración, los derechos humanos y el contrato social, aunque nacieron de la lógica de preservar la vida en común, se transformaron en instrumentos de legitimación de los nuevos sistemas de poder. En cada caso, la ética vinculada a la conciencia, a la necesidad vital, se traduce en moral, es decir, en forma de control político.
Este tránsito revela una tensión: la ética, en su raíz, busca preservar la vida y asegurar la convivencia. La moral, en cambio, tiende a cristalizarse en costumbres que pueden ser utilizadas para mantener jerarquías y estructuras de poder. La homeostasis social, que debería garantizar el equilibrio colectivo, se convierte en un recurso político que regula comportamientos, distribuye privilegios y legitima autoridades.
La conciencia, inseparable de la biología, funda la ética como necesidad vital. Pero la historia muestra que esa ética, al institucionalizarse, deviene en moral y se entrelaza con el poder. Así, la regulación de la vida se transforma en regulación de la sociedad, y la búsqueda de equilibrio se convierte en un sistema de control. Importa entender que la ética, al convertirse en costumbre, es arma de dominio.
De esta discusión se colige que la IA carece de conciencia porque carece de vida. Luego, jamás albergará sentimientos e inteligencia natural. Pero su potencial es mayor que la inteligencia humana y, su vez muy peligrosa, pues está entrenada para manipular nuestra conducta.