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Opinión

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Hoja en blanco

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Prefiero tener preguntas que no puedan responderse, antes que respuestas que no pueden cuestionarse. Richard Feynman

La ruta de las opciones ante el espectador son todas a la vez, hay quienes tienen pensamientos mágicos, sobre todo viendo en retrospectiva a las afirmaciones o cuestionamientos actuales, tiempos que no vuelven a anidar en el oscurantismo de las formas, intentando una vez más alcanzar los equilibrios.

Vagancia para unos, necesidad para otros tantos, en una economía que de repente sentimos que colapsa, crisis, recesión, volatilidad en los mercados, paridad peso-dólar o dólar-euro; lo que nos ocupa o nos preocupa en el transitar austero de la vida rutinaria.

Y ante nosotros un día nuevo como el reto de la hoja en blanco, que no es un cheque al portador, aunque la imaginación nos lleve por otros senderos, de acuerdo con el título que les brinda sentido a las palabras, frases, pero sobre todo ideas desde el anonimato, de quien la música aún la escucha lejana.

Somos retos en las circunstancias de lo pretencioso, no hay videntes a la vista, el entendimiento no lo da la normalidad, sino la incertidumbre, donde las preguntas no siempre tienen respuestas, en un mundo globalizado ante tempestades y desencuentros. 

Tiempos que implican resultados a la vista, lo natural no siempre es sinónimo de comportamientos finales, los rangos en los indicios que todo funcione o no, no es catástrofe o beneficios, dentro de una burbuja donde la existencia oculta la realidad e intentamos buscar explicaciones a lo poco o mucho que brindamos.

Tenemos hace algunos años la palabra “transformación”, como tuvimos algunas décadas la palabra “esperanza”, y el desgaste es importante, como toda relación entre esquinas en desencuentro, los que leen de política lineal y los que entienden de sociedades de consumo.

No todo está perdido en el universo de las cosas, de los discursos, las diatribas y descalificaciones, pero además de esa sincronía inexistente entre el querer y el hacer; bardas sin futuro, monumentos a la nada, rumores y más rumores en la antesala de un palacio que los ecos son parte de la normalidad.

El beneficio de la duda está latente, no hay predicciones apocalípticas, menos aún divorcios entre una sociedad que se lejos de entenderse, se queda un tanto sorprendida por declaraciones al paso de preguntas indirectas, intentando escuchar sus respuestas a modo de complacencia, enviados por la necedad y la maldad. 

Música para los oídos, cantar a tono, despacio, suave, en el horizonte alterno de las vanidades, sin competencia, en la uniformidad del deseo, porque ni el dólar ha llegado a los cuarenta pesos, ni la economía se ha desplomado, como los agoreros del desastre para México lo habían considerado.

Mucho menos Carlos Slim ha comprado al país, por los contratos ahora en PEMEX, que le brindan una bocanada de oxigeno a la empresa del estado mexicano. Eso y más es lo que somos, banqueta e ilusión, porque sabíamos como muchos, que la gaviota solo estaría seis años y volvía a volar.

Así los tiempos y los entendimientos hoy, nada es de un solo lado, se lee rudo, pero es verdad, cada uno, en el ilustrativo de un día nuevo, despierta los sentidos para cumplimentar objetivos, viajando en el tiempo quizá, pero más teniendo muy claro el camino por recorrer.

ENTRE LÍNEAS

Un incendio en la refinería Olmeca en Tabasco, sabedores que la industria petrolera es de alto riesgo, ahora con más medidas de seguridad, pero no exentos de estos incidentes, donde desafortunadamente la oposición disminuida por falta de credibilidad intenta sacar raja de las víctimas.

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