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Opinión

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Espejismos de estabilidad: el peso, el petróleo y las promesas de Hacienda

Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero

El discurso oficial insiste en que la economía mexicana avanza con estabilidad, pero los datos recientes revelan un escenario más frágil de lo que aparenta. El peso cerró en torno a 17.30 por dólar, con una ligera depreciación frente a la semana anterior. Sin embargo, hace apenas quince días la moneda alcanzó los 18 pesos, lo que confirma la alta volatilidad y la vulnerabilidad frente a las tensiones geopolíticas y las expectativas de tasas en Estados Unidos. La narrativa de fortaleza cambiaria se convierte en espejismo cuando cada movimiento externo sacude la confianza interna.

El IPC de la Bolsa Mexicana retrocedió cerca de 0.4%, reflejando cautela de los inversionistas. No es un desplome, pero sí una señal de que el capital prefiere esperar antes que arriesgar. En un mundo donde los flujos financieros se mueven con velocidad, la prudencia de los inversionistas mexicanos habla de un temor latente: la falta de claridad en la política económica hacia 2026.

La energía, siempre estratégica, mostró un contraste revelador. La mezcla mexicana de petróleo se ubicó el viernes pasado en 90.68 dólares por barril, con una caída semanal de más de 1%, y para iniciar la semana el Brent cotizaba en 102 dólares y el WTI en 104 dólares, con un repunte cercano al 8%. Este contraste expone la vulnerabilidad de México: mientras el mercado internacional se encarece, nuestra mezcla pierde terreno. El espejismo de la autosuficiencia energética se desvanece cuando el mercado global dicta las reglas y la estrategia nacional no logra capitalizar los repuntes.

El debate más delicado se dio en torno a las Afores. La nueva Ley de Infraestructura abre la puerta para que los ahorros de millones de trabajadores financien proyectos públicos. El gobierno lo presenta como una oportunidad para impulsar el desarrollo, pero la pregunta es inevitable: ¿se está poniendo en riesgo la seguridad de los fondos de retiro? La tesis combativa es clara: el Estado no puede convertir el ahorro ciudadano en palanca de política sin garantizar transparencia, rendimientos y protección. De lo contrario, se corre el riesgo de transformar un instrumento de previsión en un mecanismo de incertidumbre.

La producción industrial será otro termómetro clave. Los datos de actividad manufacturera y construcción darán señales sobre la capacidad real de la economía para sostener el crecimiento. Si la industria se estanca, las proyecciones oficiales se convierten en papel mojado. El espejismo de estabilidad se rompe cuando la fábrica nacional deja de producir al ritmo que exige la competencia global.

El contexto internacional no ayuda. Estados Unidos publicará esta semana su índice de inflación, decisivo para las decisiones de la Reserva Federal. Europa enfrenta dilemas de política monetaria con un BCE que debe equilibrar crecimiento y credibilidad. China dará a conocer cifras de comercio exterior y PIB, que marcarán el pulso de la economía mundial. En ese tablero, México no puede jugar con improvisación: cada dato externo repercute en nuestro tipo de cambio, en la confianza de los inversionistas y en la viabilidad de los proyectos internos.

La tesis combativa de esta columna es que México vive entre espejismos: un peso que parece fuerte pero se debilita con cada tensión; un mercado bursátil que aparenta estabilidad pero refleja cautela; un petróleo que sostiene ingresos pero depende de fuerzas externas; unas Afores que deberían ser intocables pero se convierten en instrumento político; unos precriterios que proyectan optimismo pero descansan sobre supuestos frágiles. La economía mexicana necesita menos discursos y más certezas: reglas claras, instituciones sólidas y políticas que protejan al ciudadano antes que al proyecto.

El reto para los próximos meses será doble: blindar el ahorro de los trabajadores frente a la tentación de usarlo como financiamiento público, y garantizar que la inflación no erosione el poder adquisitivo de los hogares. Sin esos pilares, cualquier proyección de crecimiento se convierte en ilusión. El Estado debe recordar que su legitimidad económica no se mide en discursos, sino en la capacidad de proteger a quienes sostienen el sistema: los ciudadanos.

Economista y analista de economía y finanzas. Consultor de personas físicas y morales. Docente nivel superior, conferencista. Miembro del Consejo Asesor de UVM-Coyoacán. Editor de Vínculo Económico, canal digital. Comentarista en radio y televisión y colaborador en revistas especializadas del sector financiero.

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