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Entramos en una nueva era nuclear a domicilio
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Un reactor nuclear podría llegar algún día flotando a México, conectado a un barco o instalado sobre una plataforma. ¿Creen que es broma? Ya sucede con barcos que nos “pasan corriente” con electricidad generada con gas. Pregunten a los de la CFE.
Lo que cambiará es la tecnología. Esta semana, Estados Unidos anunció que albergará el lanzamiento de ATLAS para todos los países, es una iniciativa de la Agencia Internacional de Energía Atómica cuyo nombre significa Atomic Technologies Licensed for Applications at Sea.
El propósito es construir las reglas internacionales que permitirán utilizar reactores civiles en barcos, centrales flotantes y operaciones industriales en el mar.
Ministros, reguladores y empresarios, entre los que más nos vale que haya mexicanos, se reunirán a partir del 25 de agosto en Washington.
ATLAS contempla buques de propulsión nuclear, electricidad para comunidades costeras o aisladas, plantas desaladoras y energía para actividades petroleras y gaseras mar adentro. Los reactores pequeños ofrecen mucha energía, ocupan poco espacio y pueden operar largos periodos sin recargar combustible.
Todavía no es un mercado consolidado. Es algo igual de importante: diseñar las reglas antes de que exista el mercado. Cómo rayos va a operar eso en un mundo en el que los países andan especialmente sensibles a chismes y amenazas.
Estados Unidos tiene razones para hacerlo rápido.
Su red eléctrica muestra señales de agotamiento justo cuando la inteligencia artificial, los centros de datos y la manufactura exigen cantidades extraordinarias de energía.
El 3 de agosto, el Departamento de Energía extendió hasta el 10 de agosto una orden de emergencia para Southwest Power Pool, operador de una extensa red estadounidense.
La instrucción permite despachar generación fuera de sus límites ordinarios y usar, como último recurso, plantas de respaldo de centros de datos y otros grandes consumidores.
Es decir, el país que pretende liderar la inteligencia artificial recurre a los generadores de emergencia de sus grandes consumidores para evitar que el sistema se caiga. ¿Y acá por Naucalpan, cómo andamos?
Dos días después, el gobierno estadounidense cerró un préstamo de casi 500 millones de dólares para instalar 220 megawatts de baterías en Puerto Rico. Vaya, suficientes para suministrar energía a la colonia Del Valle, en la CDMX.
Las dos decisiones parecen contradictorias sólo desde lejos.
Estados Unidos usa generadores de emergencia para sobrevivir al verano, baterías para estabilizar la red, gas para garantizar potencia firme y reactores nucleares para construir la siguiente frontera energética.
Es como quien se fue de juerga y saca filo a todas las tarjetas de crédito. Compra de todo. El Departamento de Energía también acelera reactores avanzados, fortalece el suministro de combustible nuclear, financia componentes que tardan años en fabricarse y pretende reactivar plantas cerradas.
¿Y México? La presidenta Claudia Sheinbaum anunció un plan de 739 mil millones de pesos para incorporar más de 32 mil megawatts de capacidad eléctrica hacia 2030. Necesita centrales, líneas de transmisión, subestaciones, cables, transformadores, baterías y generadores.
El problema es que Estados Unidos busca los mismos equipos, pero los quiere para ayer.
La nueva era nuclear no elimina la competencia por la infraestructura eléctrica tradicional: la multiplica.
Cada reactor flotante requerirá cables, transformadores, controles, respaldo, conexiones portuarias y personal especializado. Cada centro de datos necesitará generación propia, almacenamiento y probablemente acuerdos para desconectarse o usar sus plantas de emergencia cuando la red esté bajo presión. Eso anticipa lo que puede ocurrir en México.
Fábricas o centros de datos que pretendan instalarse en Querétaro, Nuevo León, Jalisco o Yucatán difícilmente podrán llegar sólo con una solicitud de interconexión firmada. Tendrán que considerar respaldo con baterías y posiblemente financiar parte de la infraestructura eléctrica que utilizarán.
Todo eso suena a locura. Qué bueno que estemos tranquilos.