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El empresario y la inversión
Isaac Katz | Punto de vista
Los dos artículos pasados los destiné a hacer un análisis sobre los dos motores del crecimiento económico, la inversión y la productividad factorial total. Como señalé, mientras que el motor de la inversión tanto pública como privada está apagado, el de la productividad camina pero en reversa, habiendo caído entre 1991 y 2024 en 17 por ciento.
Cuando analizamos la inversión y la productividad factorial tendemos a concentrarnos en los números agregados, olvidándonos que estos son el resultado de centenas de miles de decisiones que sobre estas dos variables toman los poseedores del capital, los empresarios. Cada uno de ellos tienen que decidir cuánto, cómo, dónde invertir y cómo la financiaría. Se nos olvida que en México hay un poco más de seis millones de establecimientos. Estamos hablando de que en la economía, durante el primer trimestre de este año se invirtieron 7.6 billones de pesos (a precios corrientes) o 4.8 billones de pesos a precios de 2018 equivalentes al 22% del PIB, de los cuales el 90% es de carácter privado.
Cada empresario tiene que elegir si solo repone el activo fijo que se depreció o dejó de funcionar manteniendo la misma capacidad instalada o si la inversión que va a hacer para reponer ese activo lleva a introducir uno más productivo (por ejemplo, una computadora con mayor poder de procesamiento) que permitiría, con la misma capacidad física instalada, producir más y a un costo menor, es decir, una productividad factorial más elevada.
Cada empresario tiene que decidir si ante un aumento en la demanda por el bien o servicio que está ofreciendo lo satisface utilizando más intensivamente la misma capacidad instalada o amerita invertir para ampliar esta capacidad; tiene que decidir si invierte en activos con la misma calidad y productividad que ya tiene o aprovecha para introducir un cambio tecnológico y lograr así una mayor productividad (por ejemplo, una empresa textil que tiene que decidir si adquiere telares iguales a los que ya tiene o invierte en unos conectados a computadoras que permiten reproducir en el tejido el diseño hecho en la computadora).
Cada empresario tiene que decidir en dónde instalar la planta, maquinaria y el equipo y para ello toma en consideración diversos factores como infraestructura de comunicaciones y transportes, electricidad, gas, agua, disponibilidad de mano de obra tanto en cantidad como en calidad de su capital humano, costos burocráticos, seguridad pública, etcétera. Tiene que decidir si se mantiene en la misma línea de producción o se amplía a unas nuevas.
Cada empresario tiene que decidir cómo financiar la inversión, si con retención de utilidades o con financiamiento existiendo varias opciones que van desde un crédito bancario hasta una oferta pública inicial en el mercado de valores y para ello tiene que tomar en consideración las condiciones de pago que enfrentaría en cada opción, así como las disposiciones en materia tributaria. Tiene que decidir, en consecuencia, si todo el trabajo de contabilidad se realiza internamente y solo se recurre a un auditor externo o todo el proceso se contrata con una empresa especializada.
Y, finalmente, tienen que decidir si operan legalmente, es decir, formalmente constituidas y registradas ante las autoridades tributarias, laborales y municipales, o si deciden operar ilegalmente aunque produzcan bienes legales, ese sector en donde se emplean el 30% de la población ocupada laboralmente, es decir, casi 18 millones de individuos.
Todos y cada uno de los empresarios operan bajo un mismo principio: esperan maximizar la tasa de rentabilidad, es decir, esperan lograr la maximización de utilidades, siendo éstas el pago al factor capital que incluye, obviamente, la habilidad empresarial y se constituyen como la fuente de ingreso para una fracción significativa de los hogares mexicanos. Dado que los proyectos de inversión tienen un horizonte de varios años, a la hora de evaluar un proyecto de inversión, el empresario tiene que estimar cuáles serán los flujos de ingreso neto; necesita un estimado de precio, volumen de producción y ventas, costo de los factores de la producción, etcétera. También puede ser que el emprendedor, en lugar de una evaluación formal del proyecto, simplemente diga “me late”. Lo que es un hecho es que todo proyecto de inversión se realiza en un entorno de alta incertidumbre.
Dada lo anterior, es que para los empresarios es crucial que el entorno institucional en el cual se desenvuelven sea uno “amigable”, uno que genere certidumbre en lugar de aumentar la incertidumbre. Necesita un arreglo institucional que le garantice que podría acudir ante un poder judicial independiente e imparcial que lo proteja en contra de actos arbitrarios del gobierno que atenten en contra de sus derechos y que también actuará como garante del cumplimiento de contratos entre particulares y entre estos y el gobierno. Necesita un entorno en el cual el gobierno garantice su seguridad personal y patrimonial. Necesita que el gobierno se sujete a reglas eficientes, transparentes y no discrecionales.
El empresario necesita, en suma, que prevalezca el Estado de derecho, que sea vigente “the rule of law”. Necesita todo aquello que los gobiernos pasado y actual destruyeron.