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¿Quién destruye los bosques tropicales? “pues no cumplas con la norma”
Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio
La destrucción de los bosques tropicales es el más grave problema ecológico global. (Debe advertirse que los bosques de climas templados en Europa y Norteamérica, en contraste, tienden a recuperarse en la mayor parte de los casos.) Lo preocupante es que los bosques tropicales acogen a más del 50% de todas las especies terrestres existentes en el planeta, muchas de ellas todavía desconocidas para la ciencia. Sin embargo, son eliminados trágica y rápidamente. Los países con mayores extensiones de bosques tropicales son Brasil y la República Democrática del Congo, junto con otras naciones del centro-oeste de África, así como Indonesia y Malasia en el sudeste asiático. En América Latina también deben destacarse otros países de la cuenca amazónica como Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia, al igual que Venezuela (en la cuenca del Orinoco), Guyana, Surinam y Guyana Francesa. En Centroamérica, aunque en extensiones menores, sobresalen Panamá y a Costa Rica, y más al norte, el Petén de Guatemala y la Península de Yucatán en México. (En nuestro país sobreviven otros manchones más o menos importantes en la región Lacandona (en agonía), en los Chimalapas y Sierra Juárez en Oaxaca, y en menor medida, en la Sierra de los Tuxtlas en Veracruz y algunos otros enclaves más o menos pequeños en la Huasteca. En estos casos, hablo de bosques tropicales húmedos o subhúmedos no de las selvas bajas secas de la vertiente del Pacífico. Cada año se pierde en el mundo una extensión de más de 5 millones de hectáreas de bosques tropicales (equivalente al territorio de Costa Rica). En México, la deforestación total promedio ha sido de unas 200 mil hectáreas en promedio anual entre 2020 y 2024. Aunque los procesos de destrucción pueden variar en distintas regiones del mundo, hay algunos que tienen proporcionalmente el mayor alcance y consecuencias territoriales, climáticas y ecológicas más graves. No sólo se exterminan miles – o millones – de especies de animales, plantas y hongos, y se alteran profundamente la hidrología y el clima, sino que se emiten a la atmósfera miles de millones de toneladas de CO2 (alrededor de 1,000 toneladas de CO2 por hectárea, considerando que la deforestación es con fuego). Lo anterior representa más del 10% de todas las emisiones globales de CO2, y un factor fundamental del calentamiento global inducido por el hombre.
La causa preminente de destrucción de bosques tropicales en el mundo es la ganadería de reses para la producción de carne, la cual es responsable de 41% de la deforestación tropical total, que asciende a más de 2 millones de hectáreas anuales. Las tierras son deforestadas generalmente con fuego para ampliar las superficies de pastoreo del ganado. La devastación ganadera de los bosques tropicales se observa esencialmente en Brasil y en otros países de América Latina, incluyendo a México. La segunda causa en importancia son las plantaciones de soya y palma africana de aceite, que contribuyen con el 16% de la deforestación total, principalmente en Indonesia, pero también en Brasil y diversos países latinoamericanos. El 12% de la deforestación corresponde a las industrias de celulosa y papel (de manera directa o para establecer plantaciones forestales comerciales), y ocurre sobre todo en diversos países asiáticos. Otro 12% es provocado por el cultivo de cereales incluyendo maíz (como en México), sorgo y otros, básicamente en América Latina y África. El resto de la deforestación (casi el 20%) tiene lugar en su gran mayoría en África y América Latina y es provocada en gran medida por plantaciones de cacao y café, otras frutas y nueces, y caña de azúcar. En nuestro país la deforestación ha estado relacionada en los últimos años con el programa de subsidios clientelares “Sembrando Vida”, al cual se le atribuyen más de 72 mil hectáreas destruidas sólo en su primer año de operación. (El gobierno ha restringido información necesaria para estimar la deforestación asociada a este programa.) Además de “Sembrando Vida”, debe subrayarse que en México la deforestación tiene como orígenes primordiales la impunidad en la expansión ilegal de la ganadería, en el cultivo de subsistencia de maíz, y en la apertura de tierras para el cultivo de soya sobre todo en la Península de Yucatán por parte de comunidades Menonitas. Lo anterior, en los últimos años, sin contar los efectos directos e indirectos de la construcción (también impune) del Tren Maya. Resolver todo ello conllevaría cancelar o reorientar de manera drástica “Sembrando Vida”, y, reconstruir instituciones y políticas que actualmente han sido debilitadas o abandonadas. Lo anterior, para permitir y promover la creación de nuevas grandes Áreas Naturales Protegidas (por ejemplo, en los Chimalapas), el Pago por Servicios Ambientales a gran escala a propietarios ejidales, comunales e individuales (pagar para conservar mediante contratos), el aprovechamiento forestal sustentable, y la aplicación firme de la Ley. Pero eso no va a ocurrir; México vive en el célebre pero ominoso y vergonzoso mundo de “pues no cumplas con la norma”.