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Opinión

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La Cultura de la Paz, Dos Años del Segundo Piso

Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz

“No puedes escaparte de la responsabilidad de mañana al evadirla hoy.” Abraham Lincoln 

Con el cambio de gobierno surgió la esperanza de que la Presidenta pondría fin tanto a la simulación como a la debacle nacional y actuaría para restaurar el país y el tejido social; reducir la violencia; transitar de la ocurrencia a la evidencia, del ajuste de cuentas a la rendición de cuentas, de la improvisación a la institucionalización, y de privilegiar la ciencia sobre los dogmas.

La Mandataria heredó, a diferencia de su antecesor, un país profundamente polarizado, marcado por una crisis de inseguridad y violencia, una corrupción en ascenso, servicios públicos de salud y educación insuficientes y precarios, instituciones debilitadas y una confianza ciudadana erosionada.

A este panorama se sumaba un crecimiento promedio del PIB apenas cercano al 1% durante el sexenio anterior y una inflación acumulada de alrededor del 34%. Además, recibió unas arcas públicas vacías y comprometidas por un endeudamiento desmedido, junto con una gobernabilidad deteriorada que redujo de manera significativa su margen de maniobra.

Al término de su segundo año de gestión, la situación nacional no ha mejorado.

La mayoría calificada que el INE y el TEPJF -instituciones previamente colonizadas por la 4T- otorgaron a los candidatos oficialistas en la Cámara de Diputados, con el 74% de las curules frente al 54.1% de los sufragios efectivamente obtenidos, y que en el Senado se alcanzó mediante prácticas gangsteriles al forzar a legisladores de otros partidos a sumarse al gobernante, permitió contaminar el texto constitucional con sus espurias reformas dirigidas a concentrar el poder, la destrucción de contrapesos, el debilitamiento de los poderes judiciales, la restricción y reducción derechos ciudadanos y la criminalización de diversas actividades que han sido parte de las libertades de las personas. Adefesio que la Presidenta presume como la Nueva Constitución.

También se ha legislado para que el gobierno disponga de los ahorros de los trabajadores, que no son recursos públicos. Sin embargo, con toda esa concentración de poder y recursos el gobierno ha sido incapaz de resolver los graves y crecientes problemas que aquejan a las mayorías.

Los “Programas para el Bienestar”, consistentes en regalar dinero público, se financian con la creciente deuda pública; se privilegia el militarismo con funciones civiles y se pretende que los titulares de Defensa y Marina se integren a la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras, con facultades para frenar proyectos; se aumentan facultades discrecionales al gobierno, y adoptan medidas de censura como respuesta frecuente. No pueden frenar la economía informal.

La tradición diplomática mexicana, prácticamente olvidada, se redujo al respaldo a regímenes dictatoriales, como los de Nicaragua y Cuba, a criticar medidas de países democráticos e ignorar la guerra en Ucrania. En confundir la defensa de la soberanía nacional con encubrir a políticos y familiares del expresidente señalados por actividades ilícitas.

Tristemente, en estos ocho años se ha permitido que el narcoterrorismo secuestrara la soberanía en amplias regiones del país.

No es casual que el Presidente de Estados Unidos haya declarado en la Asamblea General de la ONU, a la que por cierto prefirió no acudir la Mandataria, que es inaceptable compartir una frontera con un territorio que se encuentra controlado por cárteles de la droga y "enemigos de la humanidad". Indicó que México es el "epicentro" del narcotráfico y de la violencia de los cárteles, exigiendo al gobierno de la Presidenta que recupere el control de nuestro territorio.

Todavía es oportuno revertir la distribución de la pobreza en medidas que mejoren la calidad de vida y prosperidad de la ciudadanía; tender los puentes necesarios para construir las sinergias que propicien la restauración del país, de su sociedad, del tejido social, de la confianza, del crecimiento, de la cultura de la paz y de la concordia.

La lealtad a la Nación debe prevalecer sobre cualquier otra. Recuperemos la cultura de la paz y propiciemos un contagio positivo, amplio y duradero.

*El autor es abogado y mediador profesional.

Contacto: mediador.negociador@gmail.com

X @Phmergoldd

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