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Hacer creer que la derrota es un triunfo
Opinión
Decía un viejo maestro que, por momentos la historia de México, deja de ser lógica para ser mágica. Sólo así se entienden algunos capítulos de nuestro pasado.
Puede entrar en esa narración mágica lo ocurrido con la propuesta presidencial de reforma electoral, denominado Plan B.
Sin problema alguno a la vista se empezó a armar una propuesta de reforma electoral y se realizaron foros donde sólo podían participar los correligionarios. No obstante ello, desde afuera de esos foros, múltiples voces llamaban a la sensatez, eso llevó a los redactores de la reforma a retrasar su presentación, una semana, dos semanas, un mes, otro mes... hasta que por fin se turna la iniciativa en la Cámara de Diputados.
El partido del gobierno y sus aliados, suman en esa Cámara 364 diputados, se requerían 333 para aprobar la propuesta, las dos terceras partes de 500. Los aliados gubernamentales no aceptaron acompañar en la votación y, el dictamen sólo alcanzó 259 votos, no se consiguió la denominada mayoría calificada. Primera derrota para la presidenta de la República.
En vez de archivar el asunto, a la siguiente semana se presenta nueva propuesta, ahora en la Cámara de Senadores. Los aliados volvieron a decir que no votarían a favor, el gobierno los convocó a varias reuniones, y mientras públicamente decían sí apoyar la iniciativa, en corto deslizaban el verdadero sentido de su voto y ese era en contra.
Se llegó el día de la votación en el Senado y el partido verde aceptó votar a favor, pero el Partido del Trabajo se sostuvo en su negativa.
Para ocultar una segunda derrota de la presidenta los aliados pidieron sacar del dictamen lo relativo a la revocación de mandato y sin esa parte medular, la reforma salió adelante.
Al final de la votación, los ciudadanos vieron esa imagen donde los coordinadores de Morena, PVEM y PT se abrazaban y aplaudían felices por el resultado. ¿Qué aplaudían? ¿Qué celebraban, qué ganaron que los ciudadanos no alcanzamos a comprender?
La primera propuesta consistía en cambiar la forma de elegir a los diputados plurinominales, eliminar a los senadores plurinominales, reducir el financiamiento de los partidos políticos, reducir facultades al INE, entre otras cosas. La segunda propuesta contenía, establecer como máximo 15 regidores en cada municipio, reducir el gasto de los congresos locales a 0.70% del presupuesto estatal, y reducir el salario de los funcionarios electorales a un equivalente de lo que gana el Ejecutivo federal, así como hacer un recorte presupuestal del 15% al Senado, equivalente a 765 millones de pesos.
Se eliminó de la reforma la posibilidad de adelantar la consulta de revocación de mandato que permitiría a la presidenta estar en la boleta electoral para apuntalar a su partido.
Desde el gobierno se insiste en que se trata de una gran reforma, falso. En vez de ahorrar ahora los municipios reciben desde el centro la instrucción de cómo gobernarse.
No será lógico que los congresos locales, quienes deban aprobar, en última instancia, como Constituyente Permanente, la reforma constitucional, renuncien al principio del federalismo y acepten la reducción de su presupuesto.
Esta reforma mutiló al federalismo mexicano, que es nuestra forma de gobierno desde la Constitución de 1824, refrendado en la de 1857 y 1917, cuya esencia esta en el artículo 40 constitucional, al señalar que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos.
Pirro de Epiro (319-272 a. C.) considerado uno de los generales más brillantes de la Antigüedad al ganar la batalla de Asculum contra los romanos,replicó “si derrotamos a los romanos en otra batalla así, quedaríamos totalmente arruinados.”
Desde entonces se dice que una victoria pírrica es aquella que consiste en un costo devastador para el vencedor que equivale a una derrota; el ganador queda en una posición de extrema vulnerabilidad.
El gobierno no ganó lo que presume y a México le mutilaron el federalismo.
Las victorias pírricas son mucho más comunes de lo que se cree.