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El Crédito: eslabón clave para el desarrollo del campo mexicano
Facilitar el acceso al crédito en el campo no debe entenderse como un subsidio, sino como una inversión estratégica. Su impacto se refleja en mayor productividad, estabilidad social y sostenibilidad ambiental
Opinión
El acceso al crédito en el campo mexicano sigue siendo uno de los principales desafíos para detonar su verdadero potencial productivo. Esta problemática es compleja y se manifiesta en dos grandes frentes: por un lado, una baja cobertura crediticia; por otro, una serie de barreras estructurales que dificultan que los recursos lleguen, especialmente, a los pequeños productores.
Sin financiamiento oportuno, muchos productores operan con recursos limitados, lo que restringe su capacidad de invertir, innovar y crecer. En este contexto, el crédito no solo representa un apoyo financiero, sino una herramienta estratégica que permite transformar la agricultura de subsistencia en un motor de desarrollo económico, social y ambiental.
Más allá del préstamo, el crédito funciona como un eslabón fundamental que activa toda la cadena de valor agroalimentaria. Para el productor, significa dejar de depender de ahorros insuficientes o de financiamiento informal con altos costos, y comenzar a planificar, invertir y mejorar su productividad.
A nivel nacional, un campo más productivo impulsa encadenamientos económicos —como la demanda de insumos, transporte y agroindustria— y fortalece la seguridad alimentaria al reducir la dependencia de importaciones.
En este escenario, los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), administrados por el Banco de México, desempeñan un papel clave. Su principal herramienta es el Programa de Garantías FEGA, mediante el cual se otorgan garantías de pago a intermediarios financieros, como bancos, con el objetivo de incentivar el otorgamiento de crédito a productores y empresas rurales que, de otra forma, tendrían acceso limitado al financiamiento.
El modelo de FIRA se estructura en tres grandes pilares. El primero es la garantía crediticia, que reduce el riesgo para las instituciones financieras y facilita la colocación de crédito.
El segundo es el fondeo a intermediarios, que provee liquidez para ampliar la oferta crediticia en el sector rural. Y el tercero es la asistencia técnica y los subsidios, que fortalecen las capacidades productivas y la viabilidad de los proyectos.
Es importante destacar que FIRA no otorga créditos directamente. Su operación se realiza a través de intermediarios financieros. Por ello, el proceso inicia cuando el productor o empresa, presenta su proyecto y solicita financiamiento. Posteriormente, la institución evalúa la solicitud y, en caso de ser viable, gestiona con FIRA y formaliza el crédito.
Paralelamente, se están desarrollando nuevas iniciativas para superar las barreras históricas del financiamiento rural.
Entre ellas destaca el uso de tecnología para la evaluación de riesgos, como plataformas que analizan datos productivos de los predios; programas gubernamentales con apoyos a la tasa de interés y seguros agropecuarios; así como el fortalecimiento de modelos de financiamiento, a través de cooperativas de ahorro y préstamo y el análisis de las FINTECH.
Facilitar el acceso al crédito en el campo no debe entenderse como un subsidio, sino como una inversión estratégica. Su impacto se refleja en mayor productividad, estabilidad social y sostenibilidad ambiental.
En este sentido, el modelo de FIRA, al reducir el riesgo para los intermediarios financieros, ha sido un elemento clave para canalizar recursos hacia el sector agropecuario, con un enfoque claro en inclusión financiera. Impulsar el financiamiento rural es, en última instancia, apostar por un desarrollo más incluyente, competitivo y sostenible para México.
En este contexto, el papel de FIRA trasciende la simple canalización de recursos financieros. Al facilitar el acceso al crédito, particularmente a sectores históricamente excluidos, se avanza de manera directa en el cumplimiento del Objetivo Prioritario 1, al ampliar la inclusión financiera en el medio rural bajo condiciones más equitativas.
Sin embargo, el impacto no se detiene ahí. Cuando el financiamiento llega de forma oportuna, no solo se integra a más productores al sistema financiero, sino que se detona un segundo efecto fundamental: la inversión productiva. Con acceso a recursos en el momento adecuado, los productores pueden tecnificarse, mejorar sus procesos, incrementar su productividad y fortalecer su participación en las cadenas de valor.
De esta manera, también se da cumplimiento al Objetivo Prioritario 2, al estimular la inversión y propiciar un crecimiento más eficiente y competitivo del sector agroalimentario.
Así, el crédito deja de ser un fin en sí mismo y se consolida como un instrumento de transformación estructural: primero, al incluir; después, al impulsar. En conjunto, ambos objetivos reflejan una estrategia integral que no solo busca financiar al campo, sino potenciar su desarrollo sostenible y su contribución al crecimiento económico del país.
*Kathya Vanessa Hernández Hernández, es promotora de la agencia La Piedad Michoacán. “La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA”.