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Opinión

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La corrupción a tiempos extras

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Contagiado por el ambiente futbolero que nos invadió durante más de un mes, propongo hacer un ejercicio de imaginación: Hagamos de cuenta que la corrupción mexicana se juega como una final de la Copa del Mundo. En el futbol hay árbitros, VAR, tarjetas amarillas, rojas y hasta expulsiones. En la política mexicana hay conferencias mañaneras, fiscalías creativas, gobernadores solidarios, partidos con memoria selectiva y una afición —el electorado— que ya no sabe si está viendo un partido oficial o una función de lucha libre.

El cotejo, objeto de esta crónica, comenzó con ventaja para la oposición. Desde Estados Unidos señalaron al gobernador de Sinaloa por presuntos vínculos con el narcotráfico. Era una jugada comprometedora. Parecía penalti sin necesidad de revisar el VAR. Pero la fiscalía mexicana decidió interpretar la repetición desde un ángulo desconocido por la FIFA y concluyó que todo seguía dentro del reglamento. Tan convencida quedó de la inocencia del mandatario que hasta guardias estatales resguardan su seguridad. En el futbol eso equivaldría a que, después de una entrada criminal por detrás, el árbitro expulsara al delantero lesionado por estorbar la barrida.

Pero el futbol político mexicano jamás decepciona. Cuando un equipo cree tener el partido bajo control, aparece el rival con un contragolpe. Si nuestro equipo tiene un escándalo, búsquese otro de los contrarios. Así apareció en la pantalla gigante la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos, acusada de permitir la operación de agentes de la CIA en territorio mexicano. El discurso fue inmediato: atentado contra la soberanía nacional. ¡Cayó el gol del empate!

Comenzaba el segundo tiempo cuando salió a la luz una grabación donde la gobernadora morenista de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, conversa con presuntos agentes del FBI y manifiesta disposición para colaborar, compartir información y decir “todo lo que pueda decir”. Autogol. La soberanía nacional, tan celosamente defendida por la mañana decidió tomarse la tarde libre.

En ese momento el partido se volvió una comedia de enredos. Cada quien acusaba al adversario exactamente de aquello que su propio compañero acababa de hacer unos minutos antes. Cuando parecía que Morena tendría que jugar con 10 hombres por expulsión moral. Cerca del final, surgió una jugada con la que el marcador se empató: Ernesto Ruffo Appel, el primer gobernador panista de la historia, símbolo de la alternancia democrática y durante muchos años estampita de la oposición virtuosa, fue detenido por, presuntamente, encabezar una red de huachicol fiscal con operaciones ilegales superiores a 4,000 millones de pesos.

Con el marcador empatado, Morena recuperó el aliento, la oposición perdió la posibilidad de presumir superioridad moral. Y el público volvió a comprobar que, en México, la corrupción tiene una extraordinaria vocación democrática: reparte oportunidades entre todos los colores del uniforme.

Lo que sorprende es la estrategia de ambos equipos. Ninguno intenta demostrar que es honesto. Eso sería demasiado complicado. La táctica consiste en convencer al respetable de que el rival roba más. Es la filosofía del campeonato nacional de la desvergüenza: “Nosotros quizá metimos la mano al cajón, pero ellos se llevaron el mueble completo”.

Mientras tanto, los ciudadanos seguimos ocupando el lugar del aficionado que pagó boleto para ver futbol y terminó asistiendo a un concurso de prestidigitadores. Desaparecen pruebas y aparecen filtraciones, cambian narrativas y cuando uno cree haber entendido el juego, cae un gol y el VAR lo anula por razones patrióticas.

La corrupción mexicana ya ni siquiera juega de local o visitante. Es un club multinacional con filiales en todos los partidos. Cambian los colores de la camiseta, pero el patrocinador sigue siendo el mismo: la impunidad.

Por eso los partidos no concluyen. Cuando el árbitro se dispone a silbar el final, alguien inventa una nueva acusación, aparece otra grabación comprometedora, surge un nuevo expediente o se descubre otro prócer de la honestidad administrando negocios que jamás declaró, y el juego de la corrupción se va a los tiempos extras.

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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