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La conquista, experiencia del tiempo
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
El acto más valiente sigue siendo pensar por ti mismo. Simone de Beauvoir
Entre la huida de la luciérnaga y el despliegue de imágenes, excepcionales algunas en los pasajes de la historia del México que leemos, releemos y aprendemos, están las representaciones fantásticas de lo extraordinario de la originalidad, ahí es donde se pausan los momentos en el pensamiento del absurdo, luchar hoy contra demonios imaginarios, porque la perversidad existe.
La duda es parte del transitar austero, no hay bellos errores en lo individual y menos en lo colectivo, pensándonos el paso siguiente, el cortar la soga que no solo ata sino disminuye la capacidad en la pluralidad de las ideas, de sabernos incluyentes y no dependientes de amagues.
Esa conquista que no se acaba nunca, porque nos hemos vuelto en el capitalismo, precursores de deseos y ansiedades, más allá de lo que tenemos frente a nosotros, justicia por momentos pronta en los Estados Unidos, para condenar a cadena perpetua a quien solo le quedan algunos cuantos años, y nada por contar, en las declaraciones previas de no traicionar a los que quedan.
Y la mezcla de las noticias y la charla entre tres es casi perfecta, distraídos por esos aparatos celulares que también, en la monotonía de mirar, nos quitan y nos restan horas y horas de otras actividades, retos y quizá hasta el elogio a la cordura y no a la locura demencial de los pensamientos en fuga.
No es el quinto mes con el apellido Zambada, ni mucho menos es el exgobernador de Baja California, sorprendido en todas partes por su captura; ni la música que es parte del escenario con letras de canciones de Manzanero, sino todo lo demás que gira alrededor de lo que no acaba nunca, los modos, los términos y hasta soltarnos la pena que traemos amarrada.
Se trata a veces de rescatar palabras, de no prolongar los silencios, donde las miradas en ciernes se sienten y profundizan la quietud, en este país donde se cuestionan las libertades de acción, porque el dejar de hacer ha pasado para ser historia.
Por supuesto que se intenta trazar el porvenir, sin ir por las consecuencias en caso de estar España en la historia de este México de contrastes y reclamos, de sinsabores y alborotos, con una juventud que no madura del todo en su realidad, y pierde tiempos imaginando lo superfluo, que puede llegar sin prisa.
Que un criminal hable del freno a la violencia no es noticia, menos que nos diga que no hay futuro, cuando de lo que se trata es de construir y reconstruir esos tejidos que se han roto, cuando las finanzas caen las ilusiones son más que eso, ojos de agua en un desierto también imaginario.
Hoy no se trata de izquierda condenada al fracaso como Cuba, que quizá vivió años de gloria al llegar la revolución, para convertirse en dictadura por el poder en si mismo, como Nicaragua o el Salvador, con todo y los números que se presumen de reos en una prisión ejemplo para América Latina, nos dice una y otra vez su presidente que se perpetuará en el poder, porque se creen salvadores de su reducido mundo.
En un periodo vacacional donde la invitación a leer debe ser una asignatura superada, más que dejar de asistir para aprender lo negativo, en lo sabatino de los otros descansos, empezando por encontrar la “Insoportable levedad del ser” de Milán Kundera, porque los éxitos también están agotados o diezmados desde la pandemia.
ENTRE LÍNEAS
Una más de los norteamericanos, no satisfechos con un festejo a medias de números que saltan, entre espectadores presenciales y por medios electrónicos, hoy la apuesta es más clara de las agencias en materia de seguridad; porque mientras en casa se juzga al quizá lastimoso pasado del PRI y del PAN, allá están pensando más cercanos a la quema de los escondidos.