Lectura 4:00 min
Las casas más caras ‘se van’ de Las Lomas
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Se llamaron “Chapultepec Heights”, pero el nacionalismo de los treintas no iba a tolerar ese nombre.
Desde hace unos 100 años las llamamos Lomas de Chapultepec y esta década esa zona perdió su lugar como el lugar más exclusivo para vivir en México, al menos en términos de precio.
Sus propiedades siguen siendo caras: 88 mil 479 pesos por metro cuadrado, de acuerdo con Banorte. Quedan detrás ya de la III Sección de Polanco, ahí por el parque Lincoln, en donde los departamentos y casas promedian 94 mil 839 pesos por metro cuadrado.
Pero más lejos aún de, miren nomás, Las Calzadas Residencial, de San Pedro Garza García. ¿Quieren casa ahí? Preparen más de 105 mil pesos por metro cuadrado para vivir en una zona metropolitana nuevoleonesa que ya compite con la de la Ciudad de México, de acuerdo con el Indicador de Precios de Vivienda (INBAPREVI) del citado banco.
El fenómeno es rarísimo y reta las teorías económicas básicas.
Evidentemente hay una gran demanda de vivienda en la Ciudad de México, superior incluso a la de Monterrey y sus municipios vecinos, como San Pedro.
Pero al parecer es la capacidad de pago la que ha llegado a un tope.
Es una ciudad llena de ‘roomies’ treintañeros incapaces de pagar su propia casa, que recurren a compartir el alquiler de un departamento y consuelan su insolvencia con dosis de té matcha en vaso dispuesto junto a un iPhone 17.
A ellos les deben una mejor situación y el gobierno quiere solventar el asunto por un lado poco eficiente: techos antes que prosperidad.
“Por el bien de todos, primero los pobres”, dicen. Muy bien. ¿Y para cuándo los segundos?
Existe un Programa de Vivienda para el Bienestar que prioriza a quienes viven en condiciones de alta marginación y, paradójicamente, margina a quienes se esforzaron por tener una calidad de vida superior a la mera supervivencia, sean ricos o no.
En la Ciudad de México, ellos deben lidiar con una economía históricamente estancada que ofrece oportunidades incompatibles con las rentas y las hipotecas locales.
Es una ciudad que ha restringido la construcción, deteniendo esa vía de crecimiento económico. Una urbe que asfixió un viejo aeropuerto y no ha podido atraer gente al nuevo.
La entidad depende de negocios viejos, como el financiero, o de empleos que cada vez pagan menos en términos relativos, como los del gobierno. ¿Cuál apoyo a la disrupción tecnológica?
Así es difícil crear oportunidades. Apenas hay siete por ciento más dinero que en 2018, de acuerdo con el INEGI, que mide el Índice Trimestral de Actividad Económica Estatal (ITAEE).
Nuevo León no está mucho mejor, pero está mejor: su economía creció 10 por ciento en ese lapso, pese a las promesas desvanecidas de un eventual boom por “nearshoring” o de una fábrica de Tesla desdeñada.
Con todo y eso, el año pasado la vivienda en Nuevo León elevaba su precio a una tasa de 9.3 por ciento, contra un alza de apenas 4.9 por ciento en la Ciudad de México, de acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal.
Por eso, tal vez, quien se cansa del ciclo escapa de una urbe que parece tener más retos que rumbo.
El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México enfrentó una baja del 1.7 por ciento en su número de pasajeros en 2025. El de Monterrey, un alza de 8.5 por ciento y, en casos extremos, el de Mérida, Yucatán, un aumento de 11.7 por ciento en diciembre, de acuerdo con sus respectivos administradores.
Por cierto, traten de encontrar una casa por debajo de dos millones en zonas bien comunicadas de esa ciudad tan alejada del centro del país.
Quienes nacimos o vivimos en la Ciudad de México debemos replantearnos si lo que deseamos es lo que tenemos, independientemente del partido por el que votemos.
Esta ciudad pierde su brillo, al menos para la comunidad más joven. Muy triste sería que quienes tienen talento deseen emigrar cuanto antes.