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Opinión

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Barcelona, valió la pena

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Después de ocho años de hacer berrinche diplomático, México volvió a sentarse a la mesa con España sin aventar la silla, sin exigir disculpas pretéritas y, milagro de la geopolítica, sin convertir el encuentro en episodio de telenovela virreinal. La presidenta Claudia Sheinbaum viajó a Barcelona para participar en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, lo que significa que México regresó al diálogo de alto nivel con España después de una larga temporada de malquerencia doméstica, desplantes tropicales y cartas que nadie contestó con entusiasmo.

La escena ya de por sí merece aplauso. Ocho años tardamos en descubrir que pelearse con un país entero por asuntos del siglo XVI no mejora el precio de la tortilla, no tapa baches y tampoco reduce el costo del jamón serrano. Pero nunca es tarde para recordar que la diplomacia consiste en hablar con los vivos, no en regañar a los muertos.

En Barcelona, la presidenta defendió la democracia, promovió la paz y recordó los derechos de los pueblos originarios. Es decir, llevó un menú completo: entrada ética, plato fuerte humanista y postre de identidad nacional. Hizo bien. En estos tiempos, hablar de democracia se ha vuelto casi subversivo, pues abundan gobernantes que llegan por votos y luego quieren quedarse por costumbre.

Ahí estuvieron los mandatarios Pedro Sánchez, de España; el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva; Gustavo Petro de Colombia; y el uruguayo Yamandú Orsi. Un elenco suficiente para poner nervioso a cualquier club de nostálgicos del garrote.

A diferencia de aquella pintoresca reunión llamada “Escudo de las Américas”, donde algunos líderes parecían más interesados en la pose marcial que en la sustancia, en Barcelona se habló de paz mundial, reforma de la Organización de las Naciones Unidas y cooperación entre naciones sin mengua de la soberanía. O sea, se habló como adultos y en español.

La presidenta no saludó a Felipe VI. Nada grave. Tampoco lo empujó por las escaleras ni lo retó a duelo con florete. Simplemente no hubo saludo, y aun así aclaró que no existe crisis diplomática con España. Tiene razón. Una crisis diplomática de verdad incluye expulsiones, embajadores furiosos y comunicados escritos con adjetivos inflamables. Lo demás son chismes de salón con corbata.

Además, la mandataria presumió una virtud casi extinta en la fauna política internacional: viajó en avión de línea. Nada de convertir el traslado oficial en desfile aéreo con champaña. En tiempos donde muchos gobernantes se sienten faraones, usar vuelo comercial resulta tan revolucionario como pagar impuestos. Quizá algún día se normalice que el servidor público recuerde la palabra “servidor”.

Pero el momento más humano ocurrió cuando nuestra presidenta conoció a Joan Manuel Serrat. Ahí la estadista cedió el paso a la admiradora. Y cómo no emocionarse ante quien puso música a varias generaciones, combatió al franquismo con canciones y demostró que una guitarra puede incomodar más que un tanque. Serrat, catalán universal, español de ida y vuelta, transterrado sentimental, pertenece a esa estirpe de artistas que cruzan fronteras con la visa de la inteligencia.

México, por cierto, siempre ha tenido cordialidad con los transterrados. Aquí llegaron republicanos españoles, maestros, poetas, científicos, filósofos y panaderos; trajeron ideas, libros y mejores maneras de cocinar bacalao. De modo que ver a una presidenta mexicana emocionarse con Joan Manuel Serrat tiene algo de justicia poética y de memoria agradecida.

Lo importante, sin embargo, no es la foto con Serrat ni el no saludo al Rey. Lo importante es que México parece entender que el mundo no se gobierna desde el rencor ni desde el monólogo mañanero. Las naciones maduras negocian, discrepan, acuerdan y vuelven a verse la cara sin necesidad de terapia de pareja.

Ojalá esta visita marque el regreso de una política exterior menos pendenciera y más inteligente. Porque México necesita aliados, mercados, cooperación científica, inversiones y prestigio. Si para volver a la normalidad diplomática hubo que ir hasta Barcelona, el viaje valió la pena.

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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