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Opinión

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Aranceles externos comunes sobre el acero en la región del T-MEC

Roberto Morales | Proyección comercial

La Representación Comercial de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa de las negociaciones con México una demanda de gran alcance: aranceles externos comunes sobre el acero en la región del T-MEC.

La Administración del presidente Donald Trump quiere hacer lo mismo que en el sector automotriz, de acuerdo con fuentes al tanto de las negociaciones. En ese sector, Estados Unidos y Canadá cobran actualmente un arancel de 100% sobre sus importaciones de autos eléctricos procedentes de terceros países. México, en cambio, no cobra una tarifa de 100%, sino de 50%, por una razón que queda fuera del margen de su posibilidad legal.

En efecto, el gobierno de México se ha mostrado afanoso en cooperar al máximo con Estados Unidos, pero respetando sus propios acuerdos internacionales. Por sus compromisos en el arancel de Nación Más Favorecida (NMF), México no puede subir más de 50% sus aranceles a autos originarios de países integrantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En cuanto al acero, en el toma y daca de las negociaciones México ha pedido que Estados Unidos le reduzca el arancel de 50% sobre el acero y el aluminio. Esta tarifa se aplica a todo el mundo; por lo tanto, hay un aparente piso parejo con respecto a las naciones fuera de la región.

Este arancel, sin embargo, golpea más a México y Canadá por su cercanía geográfica. Por ello, la Administración Trump ha puesto nuevamente el garrote para luego entrar en su lógica transaccional. Pero aquí está la paradoja evidente. Mientras el arancel crea ganancias unilaterales para Estados Unidos, debilita estructuralmente a la región. Y una América del Norte menguada merma la competitividad de Estados Unidos. Un círculo vicioso.

Cabe recordar que, en 2025, el Instituto Americano del Hierro y el Acero (AISI) propuso al representante comercial de la Casa Blanca, Jamieson Greer, establecer un arancel externo común a las importaciones de acero en la zona del T-MEC, “para abordar los impactos del exceso de capacidad mundial de producción de acero y combatir el transbordo, la elusión y la evasión arancelaria”.

En este contexto, desde la perspectiva de Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía, quien negoció el T-MEC, una prioridad de México en las negociaciones sobre el relanzamiento de este tratado consiste en no perder la soberanía de la política comercial mexicana.

Si el gobierno estadounidense propusiera una unión aduanera en la región del T-MEC, Guajardo la aprobaría. Esto implica no solo que se alineen los aranceles de los tres países con el mundo, sino también que México, Estados Unidos y Canadá no puedan atacarse entre sí con investigaciones antidumping o de subsidios prohibidos. Pero no hay en el Congreso estadounidense un ambiente propicio para aprobar eso ahora.

Por lo pronto, durante el 32.º Congreso de Comercio Exterior Mexicano, celebrado la semana pasada, Guajardo advirtió que, si Estados Unidos busca arrebatar a México la soberanía sobre su política arancelaria global en el marco del T-MEC, asestará un golpe severo a la competitividad del país.

En todo caso, a través de la política arancelaria, la región perderá si Estados Unidos pelea con sus vecinos la atracción de procesos manufactureros que se consolidaron al final del siglo XX y al inicio del XXI. La batalla verdadera, en cambio, está en cómo las tres naciones pueden agregar valor a las cadenas productivas de innovación y sustituir de manera inteligente las importaciones asiáticas.

Para tomar demasiado en cuenta: al final, este tipo de acuerdos intermedios, de solución de corto plazo, puede dejar dañadas las capacidades de negociación en el relanzamiento del T-MEC, que tarde o temprano va a ocurrir, con Trump o con el presidente estadounidense que venga después.

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