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Opinión

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Aranceles a China: Ebrard camba de tono

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?

China registró en el 2025 un superávit comercial de 1.2 billones de dólares, el mayor registrado en la historia económica.

En un pequeño lapso y mientras Donald Trump amenazaba con imponer aranceles a países de la OTAN por estar en contra de su deseo de quedarse con Groenlandia, la Unión Europea y Canadá acordaban un acceso a los mercados para la creciente ola de exportaciones chinas de baterías y coches eléctricos.

China no solo registró su enorme superávit comercial tras años de duro conflicto comercial con Estados Unidos, sino también en medio de una deflación paralizante de su mercado inmobiliario nacional y la contracción de las cuentas de los hogares.

Hace algunos años, escuché comentarios públicos sobre el desarrollo de China en el sentido de que se encontraba en “un pico” y muchos se preguntaban si el estancamiento económico llevaría al país por el camino de las décadas perdidas de Japón.

La realidad es otra. Lo que estamos presenciando es la llegada del siglo chino y la necesidad del mundo de aceptar el liderazgo económico y tecnológico de China.

Afirmar que el modelo económico de China es insostenible puede ser políticamente útil o también puede ser un mecanismo de autoconsuelo, pero la realidad es que los gobiernos, las empresas y los ciudadanos de todo el mundo tienen que comprender la dinámica interna del país para hacer planes frente a las externalidades positivas y negativas.

Ayer, Marcelo Ebrard suavizó sus comentarios que hizo la semana pasada al defender la imposición de aranceles en contra de productos chinos porque “el piso está muy disparejo y con estas contribuciones empieza a emparejarse”.

El secretario de Economía lanzó críticas al gobierno chino porque “consideramos que se está buscando ampliar el mercado con ayuda de su gobierno, igual con los vehículos, son precios abajo de inventario, o sea, vas a quebrar a la empresa no importa cuál sea porque tu precio de salida es menor a lo que le cuesta al señor de enfrente abrir su tienda”.

Resultan ingenuas las palabras de Ebrard al señalar que los aranceles contra productos asiáticos no tienen como objetivo principal a China, pero sus palabras resultan desconcertantes en su intento de no reconocer que la decisión de la presidenta Sheinbaum de imponer aranceles se enmarca en quedar bien y asumir las imposiciones de Estados Unidos.

La respuesta del ministerio de Comercio chino no se hizo esperar. Estimó que la imposición de 50% de aranceles le genera a su país pérdidas por 9,400 millones de dólares en los sectores mecánico y eléctrico. China va a responder.

La reacción de China generó olas en la torre de Alfonso Reyes. Las olas tipo tsunami hicieron que Ebrard anunciara “diálogo de alto nivel” con China para tratar temas “sensibles”.

Las oscilaciones frente a China revelan dos aspectos: sumisión comercial frente a Trump y ausencia de estrategia comercial global.

A mediados de la década del 2000, China ya era el mayor exportador del mundo y el mayor receptor de inversión extranjera directa del mundo en desarrollo.

China está cambiando el orden internacional mientras Estados Unidos aplica mano dura; China despliega una influencia global basada en el comercio y la alta tecnología.

China piensa en el largo plazo; México piensa en el perdón de los españoles a los aztecas. China trabaja hoy como si el año fuera 2030: cuenta con el segundo ejército más grande del mundo, pero es en tecnología (5G, IA y la energía verde) donde China está apostando por su influencia global en la década de 2030 y más allá.

El poder diplomático mexicano fue desmantelado por AMLO y la actual presidenta no ha aceptado el fracaso que le heredó. El gobierno de México pierde poder de negociación con Estados Unidos cuando le obsequia el acuerdo de tercer país seguro (sin firma) y le impone aranceles a China.

Ebrard y Sheinbaum celebran la soberanía.

rrg

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Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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