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¡Acá están sus aguacates!
Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar
Esta semana cuando el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), decidió suspender temporalmente las inspecciones de aguacate en Michoacán por razones de seguridad, tembló en esa región
La suspensión, hay que decirlo, no fue un capricho gastronómico. El USDA detuvo temporalmente las inspecciones de los cargamentos provenientes de Michoacán después de una alerta de seguridad. Y como sin la certificación de sus inspectores no salen los embarques hacia Estados Unidos, la cosa se puso seria. Tan seria que México tuvo que desplegar más de 1,500 elementos del Ejército y la Guardia Nacional, para reforzar la seguridad en la región.
Pero, como suele suceder cuando el capitalismo descubre que está a punto de quedarse sin uno de sus productos favoritos, la alarma no tardó demasiado. El 8 de agosto, Washington reanudó, parcialmente, las actividades en el cinturón aguacatero michoacano.
Seguramente en alguna cocina de California alguien dio gracias a Dios por poder volver a preparar guacamole.
Porque los estadounidenses se han vuelto aguacate-dependientes. Así como, alguna vez, se hicieron dependientes de algunas sustancias que pasan por la frontera mexicana. Sólo que la del aguacate es una dependencia legal, saludable, nutritiva, fiscalmente interesante y perfectamente compatible con el Super Bowl. Podrá faltar el mariscal de campo. Podrá faltar el espectáculo del medio tiempo; pero la falta de guacamole pudiera ser posible que hasta provocara una crisis institucional. (El que escribe reconoce que además de mamón es exagerado).
México produce más de dos millones de toneladas de aguacate al año. Somos una potencia mundial en esa materia. Para México el aguacate es algo más que una botana. Es economía. Es empleo. Es exportación. Es ingreso para miles de familias. Es una industria completa camuflajeada de fruta.
Del otro lado de la frontera ocurre algo interesante: Estados Unidos descubrió que el aguacate combina extraordinariamente bien con cerveza, totopos, televisión y futbol americano. Y como esto forma parte de su cultura, el aguacate terminó convirtiéndose en una especie de ciudadano honorario de los Estados Unidos. Eso sí, sin derecho a votar.
En 2025, México concentró el 40.1% del valor de las exportaciones mundiales de aguacate, con ventas por casi 4,000 millones de dólares, de acuerdo con datos difundidos por el gobierno de Michoacán. Estados Unidos es nuestro principal cliente.
Y aquí es donde la historia comienza a ponerse sabrosa: resulta que México depende de Estados Unidos para vender buena parte de su aguacate y Estados Unidos depende de México para que sus habitantes no se queden sin aguacate. Es decir, estamos ante una relación comercial perfectamente equilibrada: uno produce y el otro se lo come.
Sin embargo, es un error pensar que México tiene a Washington agarrado de los aguacates… Casi nueve de cada 10 toneladas exportadas por México terminan allá. Esa es nuestra fortaleza. Y también nuestra debilidad. Porque resulta que tenemos un cliente gigantesco, rico, cercano y hambriento. El problema es que cuando uno tiene un solo cliente que compra casi toda la mercancía, el cliente termina creyendo que es el dueño del negocio.
Lo que nos falta, es entender que producir mucho no significa necesariamente tener poder. Y ahí es donde uno descubre que la diversificación de mercados no es una palabra que se aprende en un seminario de comercio exterior. Es una necesidad.
La buena fama del aguacate mexicano tiene que abrir las puertas del mercado global. Existe demanda y nuestro fruto tiene calidad. El verdadero poder esta en elegir a quién y cuánto venderle. Elegir dónde colocar nuestra vegetal mercancía.
Finalmente hemos descubierto cuál podría ser la verdadera arma secreta de México frente a Estados Unidos: un sabroso producto, lleno de grasa saludable. Si algún día México quisiera sentar a Washington a negociar seriamente, quizá no necesitaría mandar una delegación diplomática. Bastaría con una llamada: -¿Quieren aguacates?-Sí. -Pues entonces hablamos.
Porque hay guerras comerciales que se ganan acompañadas de aranceles. Y hay otras acompañadas con totopos.