Lectura 3:00 min
El Aeropuerto y las inundaciones
Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
Uno de los problemas más críticos del actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) es el colapso de su sistema de drenaje y, en época de lluvias, la gran cantidad de agua que se concentra en la zona cercana a la terminal aérea, sobre todo dentro de su perimétrico, lo que cada año impulsa a los encargados de la infraestructura citadina a decir: “Es que llovió como nunca” y, claro, nos inundamos como siempre.
Parte del problema es que las pistas, calles de rodaje y plataformas inundadas provocan que los vuelos se desvíen a otros aeropuertos y sea prácticamente imposible operar en ciertos horarios, con el consiguiente caos y demoras, cancelaciones y molestias para pasajeros y aerolíneas.
De hecho, el ingeniero Luis Robledo, especialista en hidráulica y uno de los grandes conocedores del entorno hídrico del Valle de México y el impacto que tiene en la ciudad y sus infraestructuras, estima que el costo que tienen estas inundaciones para los operadores es de 1,000 millones de pesos por temporada. Un costo nada despreciable, sobre todo tomando en cuenta que las aerolíneas no son precisamente el negocio más rentable del mundo y a veces estas cantidades son la diferencia entre la rentabilidad y el déficit.
Robledo, quien participó el jueves pasado en una mesa redonda sobre la situación de la infraestructura aeroportuaria del Valle de México, organizada por la Fundación Espinosa Yglesias, explicó la raíz de este asunto y la solución que podría significar la diferencia entre el caos y la normalidad.
De acuerdo con los estudios de ingeniería hidráulica del AICM, el drenaje fue construido hace décadas y desde entonces el suelo del aeropuerto capitalino se ha ido hundiendo a razón de 30 centímetros por año (esa es también la causa de que las pistas tengan que reencarpetarse cada año y exista un diferencial de 12 metros entre la capa original y la actual).
El hundimiento ha provocado que el drenaje que tenía pendiente descendente hacia el dren principal del Valle, hoy esté colapsado y más bien su desembocadura haya quedado en sentido inverso, de ahí que las aguas servidas regresen al perímetro de la terminal aérea.
La forma de abordarlo es construir un túnel varios metros más abajo, que permita desfogar las cargas de agua y las lleve hacia fuera con idea de que se integren al drenaje general. El asunto es que esta solución, que se conoce desde hace 25 años, tendría un costo de 4,000 millones de pesos que ningún gobierno ha querido pagar y que no ha permitido siquiera que los operadores la financien. Este costo estaría más que justificado y su recuperación se daría en menos de 5 años, pues evitaría los gastos de las inundaciones.
Como se ve, muchas veces la solución está disponible pero lo que falta, como sucede en muchos órdenes, es la “voluntad política”, que le dicen, o sea, el reconocimiento de que el gobierno ni sabe todo ni tiene por qué manejar todos los presupuestos, pues no es extraño que en el camino los dineros tomen otros rumbos.
Ojalá la Marina tenga la disposición de escuchar estas soluciones y de apostar por un camino que nos beneficiaría a todos los usuarios del AICM. Nos urge.