Lectura 5:00 min
La acción climática ante las decisiones de inversión
Opinión
La acción climática está cambiando de lugar en la conversación empresarial. El coste y la disponibilidad de energía, la exposición de los activos y la continuidad de las cadenas de suministro la acercan a decisiones que ocupan habitualmente a los consejos, las direcciones financieras y las áreas de operaciones. Las semanas del clima de Londres, Nueva York y Medellín, y la propia de Ciudad de México, permiten observar ese desplazamiento. Sus diferencias muestran también que las empresas y el mercado financiero tendrán que responder a condiciones distintas según los territorios en los que operen.
En Europa, la descarbonización se encuentra estrechamente ligada a la necesidad de mantener la competitividad industrial. El coste energético y la dependencia del suministro exterior condicionan la capacidad de las empresas para producir, invertir y conservar el empleo asociado. El Pacto por una Industria Limpia de la Unión Europea recoge esa preocupación, mientras que las conversaciones de Londres insistieron en que la estabilidad de las políticas y la credibilidad de los planes de transición son condiciones imprescindibles para movilizar capital.
Nueva York mostró como el crecimiento de la inteligencia artificial y los centros de datos está aumentando la demanda de electricidad y la competencia por infraestructura energética. En la semana del clima, esta expansión se discutió junto con el coste y la seguridad del suministro. La diversidad política estadounidense añade una dificultad, la mayor polarización política en torno al cambio climático que en otros contextos. Estados, ciudades y empresas mantienen iniciativas climáticas y reforzaron su colaboración durante el encuentro, frente a los cambios de orientación federal. Desde la perspectiva empresarial, esto implica trabajar con mayor detalle geográfico. La disponibilidad de apoyos, las reglas y la continuidad de las políticas pueden variar dentro de un mismo país. Las decisiones de localización y financiación requieren entender esas diferencias, especialmente cuando los activos permanecerán en operación durante décadas.
Medellín acercó la reflexión a una condición especialmente relevante para América Latina: la capacidad de preparar proyectos, con las dificultades que existen al respecto. El acceso a recursos depende de un trabajo previo que puede quedar sin responsable: definir la intervención, estimar sus costes, establecer quién la ejecutará y demostrar qué resultados puede generar. Ahí existe una tarea compartida entre empresas, gobiernos y entidades financieras. La resiliencia de una operación puede depender de la gestión del agua, de la infraestructura pública disponible o de la capacidad de los proveedores para responder a un evento extremo. Una compañía difícilmente podrá resolver por sí sola todas esas condiciones. A su vez, un banco puede identificar una exposición relevante en su cartera y encontrar que sus clientes carecen de capacidades para actuar. La asistencia técnica y la preparación de inversiones adquieren entonces un valor financiero, al permitir que una necesidad se convierta en una respuesta viable.
Ciudad de México recibe esta conversación en un momento en que la agenda energética del Gobierno busca ampliar la oferta eléctrica y facilitar inversiones en generación, almacenamiento y autoconsumo. Para las empresas, esta agenda se cruza con sus decisiones de expansión y modernización. Disponer de energía suficiente, confiable y competitiva influye en dónde invertir y qué actividades pueden crecer.
México también ha ampliado las referencias para el financiamiento sostenible y presentado instrumentos como el Fondo de Capital Ambiental. Su utilidad para el mercado dependerá de la capacidad de desarrollar operaciones y demostrar resultados. Para la banca, supone entender las inversiones que necesitan sus clientes y construir una oferta acorde con sus plazos, capacidades y riesgos. Para las empresas, implica preparar información que permita explicar cómo una inversión protege el negocio, mejora su desempeño o abre una oportunidad comercial.
El recorrido deja una implicación de fondo: la acción climática necesita mayor conexión con la asignación de capital. En las empresas, esto exige que el análisis de riesgos y oportunidades llegue a los presupuestos y a la valoración de las inversiones. En las entidades financieras, que influya en la originación, las condiciones del crédito y el seguimiento del cliente. La exposición climática puede afectar tanto el valor de un activo como la capacidad de pago de quien lo opera; comprenderla debería ayudar a decidir qué financiar y cómo hacerlo.
También queda por resolver la distribución de los costes iniciales. Las inversiones pueden generar beneficios para varios actores y, aun así, no avanzar porque ninguno puede asumir por separado su preparación o su riesgo. Las garantías, los seguros y la combinación de recursos públicos y privados tienen sentido cuando responden a esa dificultad concreta. Su diseño requiere considerar a trabajadores, proveedores y comunidades, porque de sus capacidades y participación depende parte de la ejecución.
El desafío compartido es construir las condiciones para invertir con una visión de negocio que incorpore el cambio climático. Las semanas del clima pueden facilitar alianzas y acercar instrumentos; las decisiones posteriores determinarán su alcance. Para las empresas y el mercado financiero, la pregunta es qué debe cambiar en sus criterios de inversión para que los riesgos identificados conduzcan a actuaciones que reduzcan la exposición y fortalezcan la capacidad de generar valor.
Socio Director E. América