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Ya perdimos
No tengo claro quién va a ganar las elecciones de Estrados Unidos. Sospecho que Donald Trump, por una sola razón: él lleva la campaña, está liderando el discurso, pone los temas y representa el enojo contra la clase política. Los argumentos a favor de Hillary Clinton, por el contrario, son cada vez más retorcidos y llenos de sumas y restas (porque así es el sistema electoral estadounidense). Si tuviera que escoger, por supuesto que preferiría a Clinton; pero nadie me va a preguntar ni a mí ni a ningún otro mexicano que no tenga residencia en Estados Unidos qué queremos. No sé, pues, quién va a ganar, pero sí sé quién ya perdió: nosotros, México.
Aun suponiendo Hillary Clinton lograra ponerse a la vanguardia en el discurso de la campaña, hoy hay ya dos temas que se van a discutir fuertemente a lo largo de los siguientes meses y de los que los demócratas ya no se podrán abstraer: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y las políticas migratorias. En ambas mesas, los mexicanos participamos, pero hasta ahora no lo hemos hecho como comensales sino como la comida.
Aquí hay de dos sopas. O asumimos, como derrotados, el tierno rol de víctimas que tanto nos gusta (en la historia oficial siempre México aparece como la víctima inocente de intereses mezquinos en un rol que envidiaría la mismísima Caperucita Roja) o aprovechamos la coyuntura para hacer lo que no hemos hecho en los últimos 30 años: hacernos cargo de nuestro desarrollo y comenzar por lo menos a discutir seriamente qué opciones tenemos en el caso, muy probable, de que la relación con Estados Unidos se complique comercial y políticamente.
Por muchos años hemos hablado de la necesidad de fortalecer el mercado interno. Eso pasa, entre otras cosas, por aumentar la masa salarial. Es momento entonces de discutir con argumentos y modelos económicos y no con retóricas el efecto de un aumento paulatino pero real del salario en México, particularmente el salario mínimo. Nuestra política de sustitución de importaciones de los 50 a los 80 fue un fracaso, porque nunca estuvo acompañada de una esquema real de competencia y lo único que promovió fue la mediocridad y la corrupción, pero quizá es momento de retomar, con políticas públicas bien orientadas y no con subsidios para los cuates, el desarrollo de sectores estratégicos. Si el trafico de drogas y de personas son los elementos que más conflictúan la frontera, tenemos que pensar qué queremos como país en estos dos temas, ya no qué quieren los vecinos, sino qué queremos nosotros. Etcétera.
Lo peor que podemos hacer es esperarnos hasta las campañas presidenciales del 2018 para comenzar a discutir lo que ya sabemos que va a pasar, o peor aún, lo que ya pasó.
Ya perdimos, es momentos de ponernos a chambear.