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Opinión

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Planeación y contabilidad

La contabilidad nació con el objetivo de control solamente, es decir, de ser un instrumento probatorio de que las empresas tomaban las medidas correctas y a las que se habían comprometido, pasó a ser el instrumento por excelencia para fiscalizar todo lo que sucedía en los negocios, siempre y cuando fuera susceptible de representarse en términos monetarios.

Desde la modesta empresa familiar del Renacimiento, hasta la organización con diversas sucursales del siglo XIX y XX, la contabilidad fue cobrando importancia como el instrumento de control por antonomasia.

Pero el siglo pasado vio evolucionar a la contabilidad de un instrumento de control a un instrumento de planeación, después de ser extraordinariamente exitoso como un modo de vigilar y de constatar lo que había sucedido en las organizaciones, se pensó en la posibilidad de utilizarlo con el mismo éxito para visualizar el futuro, para planear.

Uno de los aspectos que más interesó fue la prevención, ya que el futuro es incierto y variado (pensemos en los acontecimientos de los últimos meses), de manera que la planeación nos permite trazar diversos escenarios, de manera que cualquier situación que se presente no nos sorprenda sin cálculos previos, que arrojen líneas de acción concretas y adecuadas a las circunstancias.

Por supuesto, mientras más difíciles han sido las condiciones de ese futuro, más útil es la contabilidad como un instrumento de planeación y todavía muchos recordamos cuando cada presupuesto tenía que ser hecho en México en versión optimista, media y pesimista, en tiempos que la inflación hacía muy difíciles. Otro aspecto de la planeación es hacer realidad los objetivos de la dirección y llevar a la práctica las decisiones que se han tomado.

Es importante reconocer que para concretar lo que se decide y desea es necesario llevarlo a números concretos y la planeación nos lo permite. Reconocida la contabilidad, como un instrumento de comunicación desde su objetivo de control, no lo abandona al entrar a la etapa de planeación, ya que efectivamente cumple con la misma finalidad y permite no sólo planear, sino verificar que esa planeación se está llevando a cabo y cuáles están siendo las disparidades con la realidad misma.

Un buen ejecutivo no sólo planea, sino que compara frecuentemente su planeación con los hechos concretos para hacer las correcciones pertinentes.Las dos principales herramientas que la contabilidad tiene para ayudar en la planeación y convertirse en un instrumento de la misma son el presupuesto y el modelo costo-volumen-utilidad.

El presupuesto ha rebasado los límites de la contabilidad tradicional en las empresas y es una herramienta que prácticamente todos los seres humanos usan, pero claramente sigue representando la manera en la que los empresarios pueden tener una imagen de donde desean que esté su empresa después de un cierto periodo de tiempo.

En México todavía necesitamos hacer un esfuerzo severo para que los presupuestos tengan la importancia que se merecen y, por lo tanto, sean de la misma utilidad que en otros países.

En cambio, el modelo costo-volumen-utilidad representa una de las herramientas más extendidas y más usadas para modelar, para contribuir a crear posibles escenarios futuros y permitir a los directivos de las empresas elegir entre las diversas opciones que se ven en la teoría, la que más se acomoda a sus necesidades y posibilidades.

*Francisco Javier Calleja Bernal es profesor de planta del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México y su correo electrónico es fcalleja@itesm.mx

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