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Pesimismo, optimismo y realismo
La economía es el resultado de nuestros pensamientos y sentimientos. Un estado de ánimo se manifiesta en decisiones de compra, inversión, ahorro y otras cosas.
¿Cuál es la mejor actitud para encarar el 2010? El secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, está optimista. Felipe Calderón, también. Los empresarios están cautelosos. La volatilidad sigue, advierte Alfonso García, de Gamma Derivados. La recuperación será lenta y gradual, afirma Gabriela Siller, analista de Base Casa de Bolsa. Los consumidores están pesimistas. Los precios están desatados, dice Elena García, ama de casa.
Un optimismo exuberante podría llevarnos a perder nuestro patrimonio. Un pesimismo destemplado podría paralizarnos y privarnos de buenas oportunidades. Esto vale a nivel individual y colectivo.
La economía es el resultado de nuestros pensamientos y sentimientos. Un estado de ánimo se manifiesta en decisiones de compra, inversión, ahorro y otras cosas más. El pesimismo puede ser un motor de las compras funerarias, pero es un lastre para actividades que requieren arrojo.
¿Pesimismo u optimismo? El año 2010 hace muy complicado el encontrar el tono de la narración. El gobierno federal insiste en ver el vaso medio lleno, cuando habla del mercado laboral: se crearán 500,000 empleos si la economía crece 3%, dice el secretario Ruiz Mateos, ¿cómo no estar optimista ante esto?
¿Pesimismo u optimismo? El pesimismo puede sepultar y echar a peder los brotes verdes de la recuperación. Es el principal enemigo del come back, dice Daniel Gross, de Businessweek.
Clama por un optimismo cauteloso. Puede alimentar los círculos virtuosos, si se aplica en dosis adecuadas. El problema es que no es fácil saber cuál es la dosis adecuada de optimismo. Pregúntenle a la banca: está lista para abrir la llave del crédito pero no quita el freno de mano. El que quiera un crédito, ahora debe ofrecer pagar mayor tasa y ofrecer mayores garantías que en el 2008.
El presidente Felipe Calderón y su gabinete están optimistas. El 2010 será el año de la recuperación, le gritan a los cuatro vientos. Los productores y consumidores de México, no tanto.
El último reporte del Indicador de Confianza del Productor, correspondiente a noviembre del 2009, nos dice que son minoría los que piensan que es el momento adecuado para invertir.
Ha quedado atrás el momento más drástico del pesimismo, que fue el primer trimestre del 2009, pero los productores están muy lejos del territorio del optimismo. El ICP valía 54.7 puntos en noviembre del 2007. Ahora vale 39.4 puntos.
Wal-Mart de México registró en el 2009 el mejor año de su historia. Sus ventas se incrementaron en 10.4% y llegaron a 269,397 millones de pesos. En el año que recién concluyó, inauguraron 275 unidades y aumentaron su participación de mercado. Encaran el 2010 con optimismo y les sobran razones. Los consumidores no tanto.
El Índice de Confianza del Consumidor nos dice, en su último registro, que estamos en uno de los peores momentos de la década. El índice de noviembre del 2009 vale 78.2 puntos. Estaba en 100 puntos en el mismo mes del 2007 y en 83.9 puntos en el 2008.
Pesimismo u optimismo. ¿Debemos enfocarnos en el 3% que creceremos en el 2010 o recordar que caímos 7% en el 2009?
El asunto no es retórico: tardaremos más de dos años en recuperar lo perdido en el diluvio. Se crearán 500,000 empleos, pero no habrá lugar para 800,000, ¿dónde poner los acentos y la mirada? Pesimismo, optimismo o realismo. ¿Qué dosis de cada uno? Ésta es la cuestión.
lmgonzalez@eleconomista.com.mx