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¿Para qué sirven las sofoles?
No es noticia, en 64% de los 2,456 municipios del país no hay sucursales bancarias.
Este dato, que es uno de los que define lo que se ha dado en llamar inclusión financiera, refleja la realidad de millones de mexicanos que no reciben ningún servicio financiero y que en la mayoría de los casos no cuentan con un trabajo dentro de la economía formal.
Esta información, proporcionada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), que preside Guillermo Babatz, destaca que este indicador nos dice que apenas 36% de la población tiene acceso al sistema financiero, se eleva 7 puntos para llegar a 43%, al incluir en la medición a todos los intermediarios no bancarios regulados.
¿Qué son estos siete puntitos? Pues son más de 170 municipios que ya figuran en el índice de inclusión financiera, gracias a las oficinas y sucursales de microfinancieras y cooperativas.
Pese a todo, el reto está en que será imposible abatir todo tipo de rezago económico, urbano o social -incluyendo por supuesto al de vivienda-, si apenas 43% de los municipios del país tiene acceso al sistema financiero.
Porque ya hemos mencionado en este espacio que el verdadero reto habitacional está en los sectores de menores ingresos, que son además los más perjudicados por el enorme grado de dispersión que sigue caracterizando al país.
Resulta evidente que la solución no pasa por obligar al sistema bancario a llevar su cobertura hacia municipios que no les representan negocio.
La solución necesariamente va de la mano con fortalecer un sistema financiero no bancario, con productos y esquemas de atención altamente especializados en aquellos segmentos del mercado que pretenden atender.
Y es que un sistema financiero debe formarse con una serie de figuras que se complementen, atendiendo sectores y ofreciendo productos que respondan a las muy diferentes capacidades y necesidades de la población.
Entre estas figuras hallamos microfinancieras, cooperativas e incluso uniones de crédito, y entre estas figuras encontramos también a las sofoles, una entidad que nació en 1993 en el marco de la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y en busca de un equivalente a modelos existentes en Estados Unidos y Canadá.
No hay que olvidar que las sofoles nacieron reguladas y que en parte fue precisamente esta regulación la que les dio la solidez que les permitió crecer e incursionar en el mercado de valores, manteniéndose siempre como figuras complementarias de la banca, que daban como resultado, junto con el resto de los intermediarios, un sistema financiero sólido integral.
Hoy que las sofoles (sociedades financieras de objeto limitado), forzadas desde hace unos años a convertirse en sofomes (sociedades financieras de objeto múltiple), buscan una salida a la difícil situación en que las colocó la desregulación, es necesario analizar qué figuras se requieren para dar forma a un sistema financiero que responda a la realidad del país.
Visto desde la perspectiva del tema de esta columna, el reto habitacional se liga en forma contundente al de llevar servicios financieros a los 1,400 municipios que hoy no los tienen.
El reto habitacional se liga a un dato contundente; existen en el país 1.37 sucursales bancarias por cada 10,000 habitantes y aunque este indicador se eleva a 1.77 al incluir el resto de los intermediarios regulados, poco representa si lo vemos desde el posible interés que pudiera tener la banca privada en extender su cobertura.
Y el tema pasa por reconocer las características de la población hoy marginada de servicios financieros, porque hasta una burla resulta el que las autoridades supongan que el problema tendrá parcial solución al ofrecer a estos usuarios rurales servicios financieros a través de un teléfono celular, con el que muy difícilmente cuentan.
Ése era en gran medida el papel de las sofoles, hacer de su objeto limitado una fortaleza que les permitiera conocer a la perfección su mercado, su producto y su cliente, para desarrollar y operar productos y servicios adecuados para su realidad.
Habrá que ver que pasa con sofoles y sofomes, pero no hay duda de que se necesita una figura financiera que responda a las características que las vieron nacer.
Los invito a opinar sobre estos temas en mi blog (www.centrourbano.com) o en mi nuevo espacio en Twitter (@horacio_urbano).