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Opinión

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¿Notarios para qué?

La semana pasada, en Baja California el Congreso aprobó reformas a la Ley del Notariado, pero la discusión se centró en el poder para las designaciones y no en el beneficio del ciudadano ni en la agilización de trámites.

La escena es frecuente: ya completaste para comprar el departamento o la casa, pero ¿qué crees? Falta la escrituración, o sea unos 100,000 pesos si hablamos de un inmueble de 1 millón de pesos; si te toca suerte y hay jornadas notariales igual y te haces con un descuento de 50 o 60 por ciento.

El notario en México es una figura proveniente del sistema latino, con lo cual la designación está reservada para profesionales del derecho; mientras que en el sistema anglosajón el fedatario es para profesionales libres, que a diferencia de los primeros no orientan ni asesoran a las partes, sólo dan fe de personas y actos.

Con lo anterior parece suficiente para justificar que las notarías en el país sean reservadas a los abogados, y como nuestro sistema político ha sido dominado precisamente por los abogados, ellos han puesto las reglas y los límites.

La semana pasada en Baja California el Congreso aprobó reformas a la Ley del Notariado, pero la discusión se centró en el poder para las designaciones y no en el beneficio del ciudadano ni en la agilización de trámites. Aquí se sigue discutiendo si es el gobernador en turno quien tiene la atribución de la asignación de notarías. Sí, se formulan exámenes y trámites para otorgar el fíat; pero al final, si revisamos en todo el país la marca de los gobernadores se puede evidenciar quiénes resultaron beneficiados: sus amigos, a quienes debían favores, para saldar cuentas o lo más socorrido, los familiares. Casi siempre las notarías pasan de padres a hijos o la parentela que cumple con el requisito sine qua non: licenciado en Derecho.

No hay mucho que alegar, hoy existen trámites y acciones de alto riesgo, una de ellas vinculada con la extinción de dominio. No sé si usted lo sepa, pero si rentó un inmueble y el inquilino hace mal uso del lugar, el Estado podría hacer uso de la extinción de dominio y sustraerle su bien, aunque usted no se haya enterado del mal uso, mientras se lleva a cabo un juicio. (http://eleconomista.com.mx/finanzas-personales/2012/05/06/cuide-su-patrimonio-conozca-extincion-dominio).

Para el caso, el concurso de los notarios con especialización en leyes está más que justificado con el fin de limitar o atenuar los abusos que suelen sufrir personas que poco o nada saben de leyes.

Sin embargo, ¿qué sucede con otra larga cadena de trámites, algunos de ellos verdaderamente ridículos que deben ser notarizados? Por ejemplo, la credencial de elector, que se supone tiene cinco, seis o 10 filtros, según sus emisores; aun así hay instancias que exigen una certificación. O para actas de nacimiento, y en ese camino la presentación de originales para verificar la residencia, cuando justamente en la credencial de elector se incluye el domicilio.

¿No ganaríamos mucho en ahorro de tiempo y dinero si se lograse una combinación de notarios especialistas en derecho o afines y la de fedatarios para trámites menores? Y más si de paso se logra una reducción en los aranceles o un límite, sobre todo en beneficio de quienes adquieren inmuebles de interés social o para testamentos de personas con bienes de poco valor. Seguramente algo se avanzaría en el alto rezago que hay en la materia y hasta se estimularía la adquisición de viviendas.

jnaveja@hotmail.com

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