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No se ha magnificado el tamaño del monstruo que significa el abasto
Enormes riesgos se asumen con el experimento del abasto de terapias; Birmex no parece estar al tamaño del reto
La falta de terapias y otros insumos médicos, ya inocultable en la red de institutos nacionales de salud, en hospitales de alta especialidad dependientes de la Secretaría de Salud y muy notoriamente en estados como Tamaulipas, Guerrero y Jalisco, puede detonar en una severa crisis de salud hacia el segundo semestre.
Estando ya al cuarto para las doce del cierre del proceso experimental para que las empresas presenten ofertas de medicamentos y material de curación, permanecen las incógnitas sobre cómo le hará el Gobierno para cumplir en forma con el reparto. Tal parece que siguen sin dimensionar el tamaño del monstruo que tienen enfrente. Finalmente la compra es quizá la parte más fácil; el verdadero reto es el abasto y ejecutar todo lo que se está poniendo en papel y desde el escritorio de la Oficialía Mayor de Hacienda.
El tema no es menor y puede desbordarse si el nuevo Gobierno insiste en hacer las cosas a su modo sin considerar los grandes riesgos para los pacientes. Por lo pronto se evidenció que la Oficialía Mayor de Hacienda, encabezada por Raquel Buenrostro, es quien asumió la batuta y desde hace semanas es quien dice lo que se hace. Las instancias de la Secretaría de Salud están sin capacidad de oponerse y en este proceso su papel es básicamente de obedecer.
La coordinación no está a cargo de la Secretaría de Salud, sino de la de Hacienda. Por tanto, lo que rige antetodo es la austeridad, la obtención de ahorros; la prioridad es presupuestal, no es el bienestar de los pacientes ni el buen funcionamiento de algo tan fundamental como el sistema nacional de salud.
Como todo se ha ido definiendo conforme la marcha y en función de cómo lo va entendiendo la Secretaría de Hacienda, se va viendo el rumbo de las cosas.
Insisten en deshacerse de los distribuidores especializados y convertir a la empresa estatal Birmex en el mega distribuidor de Gobierno sin tener la infraestructura (no tiene almacenes ni vehículos adecuados ni personal suficiente) ni capacidad de logística de cobertura nacional para repartir en más de 20,000 puntos de entrega del sistema público de salud. El nivel de complejidad que ello implica es en verdad elevado y costoso.
Para que Birmex tuviera esa capacidad sería necesario que el Gobierno invirtiera en ella (que no lo ha hecho en 25 años, al menos nada que haya funcionado y perdurado), y eso sólo sería el primer paso. Si hoy para lo de vacunas que lleva Birmex -una operación ínfima frente a lo que se le piensa encargar-, subcontrata prácticamente todas sus necesidades de logística, es de esperarse que así suceda para el abismal trabajo que le espera a partir de julio.
Una sola de las grandes empresas distribuidoras especializadas y con muchos años en el sector -las cuales el Gobierno decidió hacer a un lado- difícilmente podría hacer todo eso por sí misma, menos lo hará la estatal Birmex de golpe y porrazo.
Tampoco se ve que estén aquilatando la ausencia del rol financiero que han jugado las distribuidoras especializadas y el cual no jugará Birmex. El alto riesgo de pago tardío de parte del Gobierno -la deuda que vienen financiando desde hace años las distribuidoras es colosal- seguramente será considerado por los fabricantes en sus precios pues les implica un costo que no dejarán de medir.
Las autoridades actúan como si fueran expertas y supieran con toda certeza lo que obtendrán. La realidad es que es la primera vez que lo hacen y tal parece que no tienen idea de lo que están arriesgando. Sería importante que consideraran un serio análisis de riesgos y vislumbraran el peor escenario en caso de que sus estrategias de reparto no den los resultados previstos o se atoraran en algún punto, algo altamente probable siendo que están probando nuevas modalidades. La pregunta es: ¿En ese caso, de que no funcione como lo planean, quién será responsable, el equipo de Hacienda o el de Salud?