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Opinión

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Lo que nos falta es amor

Ser completamente feminista o estar completamente en contra de las feministas. Ese es el pensamiento de muchos, no hay nada en medio, no hay interés en dialogar, no hay espacio para a la compasión ni la reconciliación. Es todo o nada.

“Hablar menos y escucharlas más” escribí en un tuit. Así de simple, un mensaje que busca la empatía con ellas y con cualquier ser humano. Reconociendo que, muchas veces, el primer error es hablar mucho y escuchar poco o nada. Una frase tan simple y con una clara intención positiva fue motivo de críticas en público y en privado, causa de burlas y ataques de quienes están completamente en contra de las feministas.

El problema es que la razón nos empuja al abismo, el ego nos ciega y nos cierra, nos convence una y otra vez que sólo nosotros tenemos la razón. No hay apertura al diálogo porque la descalificación es automática. Si piensas diferente o muestras empatía por algo que a mí me parece inconcebible, eso te convierte en mi adversario o, peor aún, en mi enemigo. De ese tamaño es su conciencia.

Simpre he expresado con orgullo que soy católico, que estoy a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; que respeto y valoro grandemente a las mujeres y exalto su dignidad y su derecho a alzar la voz por millones que no han podido hacerlo siendo víctimas de la violencia y la injusticia. Si en la mente reducida de unos cuantos esto equivale a merecer la etiqueta de ser feminista, bienvenida sea.

Irónicamente, en el mundo de las etiquetas y los prejuicios, para muchas mujeres, esta misma afirmación es considerada sinónimo de conservadurismo. Lo curioso es que en esta ocasión, han sido precisamente quienes se dicen cristianos y se consideran conservadores los que han arremetido porque consideran que, no atacar a las feministas o condenar el feminismo, te hace estar “en el bando equivocado”.

Ambas posturas son lamentables y muy peligrosas como lo es todo lo que nos divide y polariza. Estamos ante una trampa en la que todos perdemos. ¿Si nos decimos cristianos o somos católicos, no se supone que estamos aquí para seguir los pasos y el ejemplo de Jesús? Todas las enseñanzas de nuestro Maestro se resumen en una palabra: AMOR. Eso que tanto nos falta.

¿Y si en lugar de arremeter contra una mujer violenta imagináramos por un momento qué habrá vivido que la lleva a actuar así? Jamás justificaré más violencia para combatir la violencia. ¿Y si en lugar de señalarnos y descalificarnos por pensar distinto, nos diéramos la mano para juntos enfrentar y resolver lo que sólos no podemos?

Al querer dialogar con una de las personas que me descalificó por considerar que “me monté en un movimiento feminista” y explicarle que mi intención es ser más empático con ellas y con cualquier ser humano, lo único que encontré fue más agresión. Insistí que como cristianos estamos del mismo lado en la defensa de la vida y la dignidad de todas las mujeres (en congruencia con lo que Jesús nos enseñó) y su respuesta fue “no estamos del mismo lado”. Incluso fue más allá al decir: “en el momento que utilizas el lenguaje del adversario estás con él.”

Me quedé sorprendido de leer semejante respuesta. Lo comparto porque no podemos vivir con este nivel de odio, coraje, intolerancia y prejuicio, creyendo que somos dueños de la verdad. La Verdad es una y nos abraza a todos. No podemos decirnos cristianos y linchar a cualquiera que piense distinto, etiquetando a las personas sin tener conocimiento o empatía por su propia historia y sus circunstancias. No podemos ser tan incongruentes queriendo cambiar el mundo y despreciar o atacar a quien diga algo distinto a lo que queremos escuchar.

He reflexionado mucho en estas horas y estoy convencido que el ego es lo que nos tiene tan separados y hundidos. Esa obsesión de creer que somos muy buenos y que todos los que piensen o hagan lo contrario son mis adversarios o enemigos. Estamos cayendo en las mismas trampas de aquello que tanto criticamos.

Es muy peligroso asumir una superioridad moral y querer tener siempre la razón, vivir señalando y apedreando como si estuviéramos libres de culpa y como si todo el que piensa distinto mereciera nuestro desprecio. Lo que nos falta es amor. Si de verdad queremos ser y estar mejor, es hora de ser y actuar como nuestro gran Maestro, Jesús.

*El autor es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

aregil@ipea.institute

Twitter: @armando_egil

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