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La obesidad y el infierno
El lector Mario Aguilera me pregunta si el sindicalista ferroviario Luis Gómez Zepeda, mencionado en mi columna del martes como coprotagonista con su -entonces- compañero Valentín Campa de una aprehensión injusta por consigna del líder charro Díaz de León, es el mismo que años más tarde (1973) fue nombrado por el Presidente Echeverría Gerente de los Ferrocarriles Nacionales.
La respuesta es sí. En contraste con el indomable Valentín Campa, quien por su constante lucha sindical estuvo preso una y otra y otra vez, a Luis Gómez Z. le bastó una visita al botellón para educarse, enseñarse a respetar y ponerse al servicio del patrón gobierno. Llegó a ser Secretario Nacional del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, desde donde se convirtió en Gerente de Ferronales mediante un boicot que concibió en contra de la empresa cuando la dirigía -es un decir- Víctor Manuel Villaseñor, un licenciado que no pudo contra la mafia sindical manejada por el -a la sazón- millonario Gómez Z. a través de la organización Héroe de Nacozari.
12 meses, 12 kilos
El pasado 28 de febrero cumplí un año sin fumar. Ni yo mismo me explico cómo le hice. La inmensa alegría que debiera provocarme la hazaña de vivir sin la nefasta nicotina y nocivas substancias que la acompañan durante 365 días se convierte en una mezcla de supuesto contento y preocupación cuando contemplo mi nuevo y rechoncho look en el espejo y en una combinación de fastidio y angustia al atormentar la báscula con 12 kilos más de los que tenía hace un año.
Cuando comencé a engordar, usaba la ropa que me quedaba holgada, pero en las últimas semanas he tenido que comprar ropa nueva una y dos tallas más grande. Si fuera cliente de Neiman Marcus ya estaría en la ruina.
La confesión anterior viene al caso por el reportaje de Marisela Delgado que leí el martes en El Economista: según el médico José Antonio Casermeiro, la obesidad llega a disminuir la productividad laboral hasta en 50% por ciento. Ahora me explico la infinita flojera que de un tiempo para acá siento. No es hueva, es obesidad.
Pero hay esperanzas para que los obesos volvamos a trabajar a cien mediante un sistema nutricional basado en alimentos de diseño que pueden costar hasta 200 pesos al día. La reportera no nos dice en qué consistirán esos alimentos, pero si me van a privar de comer carbohidratos y además tendré que pagar 200 pesos diarios, tal vez sea mejor seguir comiendo lo que me gusta y comprarme un pantalón y una camisa cada semana.
El infierno
He aquí la comprobación de la teoría del doctor Casermeiro de que los gorditos andamos a 50% de nuestra capacidad. Esta historia me llegó por Internet, sólo la transcribiré: En un examen de química, el maestro hizo una pregunta: ¿Es el infierno exotérmico -desprende calor- o es endotérmico -lo absorbe-?
La mayoría de los alumnos elaboraron su respuesta basados en la Ley de Boyle, que relaciona la constante temperatura en proporción a la presión y al volumen.
Un discípulo sorprendió al maestro con la siguiente respuesta: En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa del infierno varía con el tiempo.
Para ello, hemos de saber a qué ritmo entran las almas al infierno y a qué ritmo salen, aunque tengo entendido que una vez adentro, las almas ya no salen.
Por lo tanto, no se producen salidas. En lo concerniente a cuántas almas entran, habrá que considerar lo que dicen las diferentes religiones. La mayoría de éstas estipulan que si no perteneces a ellas, irás al infierno. Considerando que hay más de una religión que así se expresa y dado que las personas no pertenecen más que a una religión, la lógica indica que todas las almas van al infierno. Si a esto agregamos las altas tasas de nacimientos y muertes, podemos deducir que el número de almas en dicho lugar de castigo crece de manera exponencial.
Según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Esto genera dos posibilidades: si el infierno se expande a menor velocidad que el ingreso de las almas, la temperatura y la presión en el infierno se incrementarán hasta que el calor lo desintegre. Pero si el infierno se expande a una velocidad mayor que la de la recepción de las almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el infierno se congele. ¿Cuál de estas dos posibilidades será la verdadera?
Si aceptamos lo que me dijo mi novia hace seis meses: Hará frío en el infierno antes de que me acueste contigo y tomamos en cuenta que anoche me acosté con ella, la segunda posibilidad es la verdadera. El infierno es exotérmico y está congelado desde ayer por la noche. Una vez congelado, el infierno habrá perdido todo su chiste y ya no podrá recibir almas. Sólo quedará el cielo como única prueba de la existencia de un ser divino, lo que explica por qué anoche mi novia no paró de gritar: !Oh, Dios mío, oh! .
El alumno fue el único de la clase calificado como sobresaliente.