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Opinión

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Gordon Gekko regresa; Greed is good nunca se fue

Las instituciones financieras cimbraban la economía en los 80. Ahora, pueden destruirla. Mucho ha pasado desde la película Wall Street, pero mucho sigue igual.

Gordon Gekko está de regreso. El personaje de Oliver Stone que decía Greed is good ha vuelto a las pantallas. La secuela de Wall Street se ha estrenado y cuenta algo que casi todos sabemos: los tiburones financieros de los 80 parecen delfines de acuario cuando se les compara con los depredadores de hoy.

La diferencia está en la escala, la complejidad y el poder destructivo. Las instituciones financieras podían cimbrar una economía en los 80. En nuestros días pueden destruirla, llámese Grecia o Islandia. Ha pasado mucha agua bajo el puente desde 1987, cuando fue lanzada la primera parte de la película, pero muchas cosas siguen igual. Pensé que describía el final de una época y el fin de una forma de hacer dinero. Ahora me doy cuenta de que el lunes negro no fue el final parece que tampoco lo será todo lo que siguió a Lehman Brothers , dice Oliver Stone.

La secuela de Wall Street iba a prescindir del nombre de la famosa calle en su título, para enfatizar el carácter global de las operaciones financieras.

Nueva York ya no es la única plaza capaz de fabricar armas financieras de destrucción masiva y su peso se ha reducido en la medida en que los distritos financieros de Asia ocupan el lugar que tienen sus economías.

Money never sleeps era el título previsto y se quedó, subordinado a Wall Street. La mercadotecnia mató al realismo.

Las críticas al filme son menos que entusiastas. Enfatizan la gran actuación de Michael Douglas, pero critican la superficialidad con la que aborda el tema.

No hay personajes que hayan perdido su dinero y los villanos carecen de la complejidad del Gekko que nos impresionó en los 80. Ese personaje era la mezcla de dos hombres reales: Ivan Boesky y Michael Milken. El malo de la secuela se llama Breton James y está encarnado por Josh Brolin. Oliver Stone reconoce que en James hay algo de Robert Rubin, exjefe de Goldman Sachs y exsecretario del Tesoro. En él sigue vivo el credo de la avaricia, pero no tiene la fuerza que ese pecado capital requiere en su representación. Es un poco hueco y más cercano al panfleto que a la buena crítica social, dicen quienes han visto la película. No es fácil describir este rasgo condenado por Tomás de Aquino en la Edad Media y que ahora goza de tanta admiración. Es como la lujuria y la gula, un pecado de exceso, y nuestro tiempo tiene algo contra la moderación algo en favor de la desmesura.

¿Qué hacemos con la avaricia? La primera recomendación es no confundirla con la ambición, crucial para construir un patrimonio o realizar grandes tareas.

La fábula del Rey Midas nos advierte del daño que un avaro se provoca por sobrevalorar el oro. La historia contemporánea nos ofrece cientos de ejemplos donde la avaricia causa daños sociales irreparables. Es Lehman Brothers en el 2008 y Fobaproa en 1995.

Nouriel Roubini, el profesor de la NYU que predijo la crisis actual, ha visto la película y charlado con Oliver Stone. Tiene su opinión sobre el tema: No hay manera de controlar la codicia mediante alguna apelación a la moralidad.

Tiene que ser controlada por el miedo a perder, que deriva de saber que los agentes imprudentes no serán rescatados , dice. Si no hacemos cambios a fondo, aparecerán nuevos Gordon Gekko. Por cada Gekko que no es castigado, cientos de Gekkos más mezquinos y codiciosos nacerán.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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