Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Fortaleza macroeconómica y debilidad estructural

Los legisladores se desgañitan reclamando que la economía no crece más, pero no están dispuestos a hacer los cambios que se requieren.

Es claro que el aumento que ha tenido el tipo de cambio del peso frente al dólar es resultado de la inestabilidad financiera, principalmente en Europa a raíz de la crisis de la deuda griega, la duda sobre si podrá hacer el ajuste fiscal requerido, sobre si se declarará en suspensión de pagos o inclusive la quiebra y sobre todo la posibilidad de que abandone la zona euro. La evolución que ha tenido nuestro tipo de cambio no es única ya que lo mismo le ha sucedido a prácticamente todos los países que han visto también cómo su moneda, el euro incluido, se ha devaluado frente al dólar estadounidense, en el fenómeno conocido como flight to safety, en donde los recursos financieros han migrado al mercado de Estados Unidos, particularmente a los bonos del Tesoro (al momento de escribir este artículo la tasa de la nota del Tesoro a 10 años se situaba en 1.89, de los más bajos desde la década de los 40 del siglo pasado).

Como han señalado el Secretario de Hacienda y el Gobernador del Banco de México, los fundamentos macroeconómicos (no se dice fundamentales) de la economía mexicana están relativamente sólidos, incluidos un bajo déficit fiscal, una relación deuda total a PIB también relativamente baja, a largo plazo y denominada predominantemente en pesos, una baja tasa de inflación y una posición relativamente sólida de reservas internacionales.

Uno podría esperar que en la medida en que se vaya solucionando la crisis de la zona euro la actual inestabilidad tienda a desaparecer y el tipo de cambio del peso frente al dólar vuelva a bajar, aunque en esto de las crisis sistémicas uno nunca sabe dónde saltará la liebre , ¿será Italia o España el siguiente país en entrar en crisis?

El problema de la economía mexicana no es en la actualidad uno de carácter macroeconómico, sino uno de debilidad estructural. Es parcialmente cierto que durante las últimas tres décadas el crecimiento de la economía ha sido notoriamente mediocre como resultado de haber tenido que hacer el ajuste macroeconómico después del desastre que dejó López Portillo, pero la causa fundamental de por qué la economía no crece más, aun habiendo alcanzado la solidez y estabilidad macroeconómica, es porque los incentivos que se derivan del arreglo institucional no están alineados con el objetivo de crecimiento económico.

Una deficiente e ineficiente definición y protección de los derechos privados de propiedad; sectores que son críticos para el crecimiento económico como energía (de hidrocarburos y eléctrica), telecomunicaciones, cemento, trámites notariales y otros operando bajo una estructura de mercado en donde predominan las prácticas monopólicas; un diseño tributario que, además de generar una muy baja recaudación para el gobierno federal, genera incentivos perversos sobre el trabajo, el ahorro y la inversión; una legislación laboral obsoleta e ineficiente que contiene un sesgo en contra del cambio tecnológico y el empleo de mano de obra; una excesiva carga regulatoria y un largo etcétera. Son todos estos factores que inhiben el crecimiento económico.

Los legisladores, particularmente los diputados, se desgañitan reclamando que la economía no crece más, pero no están dispuestos a hacer los cambios que se requieren. Y lo peor es que no hay manera de castigar su irresponsabilidad. ¡Malditos diputados!

ikatz@eleconomista.com.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas