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Opinión

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Evite que eventos inesperados desequilibren sus finanzas personales

Desde luego, mencioné la manera de manejarlos para evitar precisamente esos sobresaltos. Todo se reduce a la planeación, que tanta falta nos hace.

El martes hablé de cómo algunos gastos que sabemos que tendremos que enfrentar (predial, regreso a clases, vacaciones, cumpleaños, regalos de Navidad, entre muchos otros), pero que no ocurren cada mes, desequilibran las finanzas de muchas familias. Son acontecimientos que a muchos “los agarran en curva”.

Desde luego, mencioné la manera de manejarlos para evitar precisamente esos sobresaltos. Todo se reduce a la planeación, que tanta falta nos hace.

Hoy quiero hablar de cosas inesperadas, aquellas que pueden o no suceder y que no podemos controlar, pero que pueden ser muy graves.

Un ejemplo claro: un terremoto que dañe el lugar donde vivimos. Pero puede haber otros, como enfermedades crónicas que aparecen sin avisar, un accidente de auto, una demanda o incluso el fallecimiento del principal soporte económico del hogar, etcétera.

A nadie le gusta pensar en ello, pero son cosas que podrían suceder y que además tendrían un impacto fuerte en todo sentido: estrés, depresión y, además, un impacto financiero muy fuerte.

Los préstamos no son la solución

Hay personas que me han dicho que para eso tienen tarjetas de crédito: para emergencias. Eso me pone los pelos de punta, primero porque a veces el suceso es tan fuerte que las tarjetas no alcanzarían. Pero también porque las deudas causan más estrés y terminan haciendo el problema más grande.

Por eso es tan importante la cultura de previsión, que en México nos hace tanta falta. No sólo planear para lo que sabemos que vendrá, sino prepararnos para lo inesperado.

Hay tres herramientas fundamentales para ello:

1.- El fondo para emergencias, para cosas imprevistas pequeñas: arreglar una filtración de agua en el techo, enfrentar una situación de desempleo, pagar una reparación mayor en el auto, cubrir los primeros gastos de un tratamiento, incluso el deducible de nuestros seguros (a mayor deducible, menor prima). Cosas de este estilo. Por eso se sugiere que tenga como mínimo el equivalente a tres meses de gasto familiar corriente, pero todo depende de la situación de cada quien.

2.-  Los seguros, para cosas que pueden realmente ser graves. Mucha gente no los entiende así, pero son un mecanismo de financiamiento colectivo. La idea principal de ellos es simplemente generar un fondo entre todos (las primas que pagamos) de manera tal que cuando alguno sufra un evento de ese tipo, se tenga dinero suficiente para resarcir el daño que sufrió, por lo menos en la parte económica.

Mucha gente se confunde con los seguros que contrata y la verdad es que no es tan difícil.

Lo importante es tener claras nuestras necesidades. ¿Qué pasaría con la familia si de repente mañana les faltamos? ¿Qué sucedería si la casa se quema o se inunda? ¿Cómo enfrentaríamos una demanda si le hacemos daño a otra persona? ¿Qué pasa si a mi hijo le da cáncer?

Repito, a nadie le gusta pensar en eso, pero si llegara a ocurrir, más vale estar preparado.

Ahora bien, es importante que nuestra familia conozca la existencia de esos seguros, particularmente, los beneficiarios. Desafortunadamente hay seguros que no se cobran, porque nadie sabía que siquiera existían.

Hablando de beneficiarios, es fundamental tenerlos actualizados. Hay gente que se divorció desde hace décadas, pero jamás actualizó al beneficiario de su seguro de vida o de otro tipo; recordemos que el beneficiario legalmente no se puede disputar, debido a que la indemnización sólo se puede entregar al benficiario que aparece en la póliza.

3  El testamento (o fideicomisos testamentarios). Es un documento muy importante, porque implica dejar instrucciones sobre quién heradará nuestro patrimonio y de qué manera. Mucha gente no lo piensa, pero la falta de testamento suele implicar trámites muy largos e incluso juicios (los cuales conllevan gastos y en ocasiones disputas legales entre distintas personas que piensan tener derecho a una parte de nuestros bienes).

Muchos de nosotros hemos escuchado historias de gente que lo ha perdido todo. A veces son noticias que ocurren en otro lugar, en ocasiones son relatos que nos cuentan personas que no conocemos y por ello sentimos que somos ajenos a todo ello que está fuera de nuestras manos.

Nada más lejos de la realidad: son los riesgos que implica vivir. La diferencia es que algunos están preparados. Muchos, lamentablemente, no.

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jlanzagorta@eleconomista.com.mx

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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